Una mañana, Juan despertó con tanta hambre que se sentía capaz de devorar el mundo de un solo bocado; recordó la caja de galletas que con tanto recelo guardaba desde hacía tiempo en la alacena
Mi madre, en una sobremesa después de cenar, nos contó un episodio de su vida que ocurrió cuando llevaba tres años de matrimonio y era mamá de una bebé que no llegaba al año de edad.
Me encuentro ante una hoja en blanco sin saber qué escribir, incluso sin tener la inspiración necesaria. Fue hasta hace un par de días que supe que iba a redactar un texto, el cual hubiera deseado no hacer.
Hay personas que llegan a nuestras vidas para no irse jamás; más allá de la separación física que pueda darse por las circunstancias que se presentan en nuestro diario caminar
Hace un par de días tuve la oportunidad de encontrarme a mi tío Manuel, hermano de mi madre. Motivo por el cual recordé una etapa de mi infancia, específicamente cuando cursaba la escuela primaria.
Es la primera frase que escribimos en nuestro mundo de letras, y la palabra “Feliz”, motiva sonrisa, canto, alegría; un cúmulo de colores que invitan a vivir en este mundo
Esta fecha me hizo recordar una frase y una anécdota. La frase no recuerdo dónde la escuché, posiblemente en alguna película y, más o menos, reza así: “¿cuándo he obtenido lo que deseo?”
Los dolores le empezaron como a las tres de la tarde; estaba sola en su casita. Como ya tenía experiencia y sabía lo que venía, se puso a levantar su catre, dejó unas toallas cerca y unas sábanas.
Corría el año de mil novecientos cincuenta y siete en un pequeño pueblo donde la mayoría de sus habitantes trabajaba el campo. Era un precioso lugar donde había de todo