Por Redacción NOTICIAS
Oaxaca vive un rostro complejo de violencia y criminalidad que choca con la percepción cotidiana de sus habitantes. Aunque en algunos rubros oficiales hay señales de descenso —por ejemplo, reportes señalan que ciertos delitos de alto impacto como feminicidio, secuestro y robos disminuyeron en 2024 respecto a 2023— persisten cifras, reportes y sensaciones que reflejan una sociedad con heridas profundas de inseguridad. Datos públicos indican que los robos representaron aproximadamente 22.2% de los delitos registrados en Oaxaca en diciembre de 2023, colocándolos como uno de los principales tipos de crimen denunciados en la entidad . Asimismo, estadísticas recientes de victimización señalan que la tasa de personas que han sido víctimas de algún delito repuntó en un 60.9% entre 2023 y 2024, situando a Oaxaca como la entidad con el incremento más marcado de delitos por cada 100 mil habitantes en ese periodo . Estos datos, aunados al impacto económico de la inseguridad —estimado en más de 122 mil millones de pesos en 2024— dibujan una realidad donde la violencia no solo se vive en las calles, sino que también erosiona la economía y la confianza social .
Sin embargo, las cifras oficiales no siempre coinciden con la percepción popular. Encuestas locales muestran que más de seis de cada diez habitantes de la capital de Oaxaca se sienten inseguros, incluso cuando algunos indicadores de homicidios dolosos han disminuido con respecto a años anteriores . Esta aparente contradicción entre estadísticas y sensaciones ciudadanas es comprensible en un contexto donde episodios de violencia —desde asaltos cotidianos hasta casos de alto impacto mediático— siguen ocurriendo con regularidad, alimentados por la impunidad, la desigualdad y la debilidad en la procuración de justicia. Aunque autoridades señalan avances en estrategias de seguridad, la persistencia de casos violentos y la percepción de riesgo reflejan que la construcción de paz y seguridad en Oaxaca sigue siendo un desafío urgente, que demanda no solo cifras más transparentes, sino una transformación profunda de las políticas públicas y la confianza comunitaria.
