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Vivir en armonía: La vanidad

Una persona se mira fijamente a un espejo, absorta en su propio reflejo, como una ilustración conceptual del tema de la vanidad.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Servando Nava Echeverría / Colaborador

 

“El ambicioso quiere ascender,

hasta donde sus propias alas puedan levantarlo;

el vanidoso cree encontrarse ya en las supremas cumbres

codiciadas por los demás”

José Ingenieros

 

Para comprender el concepto de vanidad, tenemos que entender primero que es el Valor de la Humildad: Es la virtud de actuar con modestia. Es reconocer que existen principios naturales que no podemos controlar o modificar y que por ello debemos de inclinarnos ante la grandeza del universo. Es la capacidad de reconocer nuestras limitaciones, nuestros errores y nuestros defectos, para corregirlos o enmendarlos. Es la antítesis de la soberbia. Las personas humildes nunca destacan o expresan sus facultades o virtudes y menos las exaltan o exageran. La vanidad nos lleva a ser exaltados por encima de nuestra estatura espiritual. Ese exceso nos pone en riesgo de perder nuestra humildad. Las personas humildes son siempre bien recibidas y respetadas en cualquier medio, también serán agredidas por los soberbios que no las toleran. 

En situaciones difíciles resisten las influencias nocivas, soportan las molestias y se entregan con valentía. Ser humilde no significa ser mediocre o pobre, o que cause lástima. La Humildad es un valor que está vinculado muy estrechamente con la naturaleza y nos permite admirar la grandiosidad del universo y la pequeñez de nuestras personas. La Humildad nos brinda la verdadera proporción que tenemos en cuanto nos comparamos con la inmensidad de lo que nos rodea. Cuando dañamos a la naturaleza con nuestros actos, estamos actuando con arrogancia y por ello este valor es la base para interiorizar todos los demás valores, porque se requiere humildad para aceptar que tenemos reglas universales que respetar.

En cambio, la arrogancia (y su pariente la vanidad) nos reduce, aunque pareciera lo contrario, porque está revelando una deficiente autoestima y nos instalamos en el complejo de inferioridad para demostrar nuestra importancia a través de la soberbia. Observen a muchas de las personas que laboran en diferentes instituciones sobre todo públicas, haciendo acopio de su escaso poder momentáneo, en donde revelan su soberbia al tratar con desprecio a las personas que atienden, resguardados por la ventanilla y el sistema que les permite revelar su inferioridad convertida en soberbia.

Humildad significa pues, aceptar las leyes universales, incuestionables como son por ejemplo la finitud del ser humano, es decir nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestros bienes, simplemente nos son prestados por una temporada mientras vivamos, porque al final tenemos que devolverlos. En la muerte, lo único que nos acompañarán serán los recuerdos de las acciones trascendentales que hicimos o en caso contrario seremos olvidados también en la eternidad. Esta visión de la vida está sustentada definitivamente en la Humildad al saber nuestra finitud y nuestro compromiso de dejar cosas valiosas en el orden moral, intelectual y uno de los más grandes legados es el recuerdo en nuestros seres queridos de que fuimos humildes.

Cuando hablamos del valor de la Humildad y este es considerado como el valor supremo porque enfatiza el reconocimiento de nuestras debilidades y defectos y nos permite corregir esas fragilidades. Por ende, la soberbia es la antítesis de la Humildad. Pero existe algo más perturbador que la soberbia: La Vanidad. 

Las personas vanidosas están inmersas en cierto grado de narcisismo (exagerado amor propio) y siempre piensan que la verdad es suya sin discusión alguna. El vanidoso es frecuentemente superficial en sus conclusiones, pero también puede ocurrir que el vanidoso sea una persona inteligente y preparada. El defecto estriba en que defiende sus argumentos con falacias, adornadas de, quizás una oratoria excelente o argumentos que ellos construyen, pensando que ellos son la autoridad en esa materia.

El vanidoso es presuntuoso en todo lo que hace o dice, a sabiendas que ellos mismo y en ocasiones muchas personas que los rodean saben de su ignorancia o desinterés. Solo están esperando el halago de su persona, de su ropa, de su caminar y de sus logros (que quizás los tengan, lo cual no es malo), lo negativo radica en la exageración y divulgarlo sin escrúpulo alguno y siempre están esperando la adulación de los otros para reafirmar su vanidad. La Vanidad se recarga sobre cierto complejo de inferioridad, por ello el vanidoso busca incansablemente el reconocimiento y la lisonja permanente.

La palabra vanidad viene del latín “vanitas, vanitatis, cualidad de lo vano, pura apariencia, fraude, presunción de que se posee algo cuando el interior está vacío, lo hueco”. Hay que destacar que las redes sociales han permitido que haya más vanidosos. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que muchas personas tratan de construir esa versión idealizada de sí mismos en el anonimato y en la masificación de su vanidad, de manera ficticia y engañosa. 

Por lo tanto, la vanidad es un antivalor de la Humildad y la persona que tenga esta peculiaridad, tendrá facturas que pagar irremediablemente. 

 

La gran pregunta es ¿Tú no eres un vanidoso? Porque de ser así, tarde o temprano, te guste o no te guste, hayas leído o no de ética, prepárate para sufrir. Las consecuencias son imparables.

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