Por Gerardo Garfias Ruiz / Colaborador
He escrito en más de una colaboración pasada, los puntos de vista que me da colaborar en tres gestiones de ejecutivos federales y de seis estatales en que he tenido la oportunidad de ejercer un cargo público en calidad de empleado en cuatro entidades de la república y en el plano nacional colaborando desde el diseño de programas de gobierno, hasta ejercer atribuciones y funciones como delegado federal, así como servidor público en los ejecutivos estatales de Veracruz, Chiapas, Puebla y Oaxaca con experiencias en su mayoría gratas aunque también con otras en que estuvo en peligro mi vida misma no solo por los transportes aéreos como lo fue en la Selva Lacandona, sino también por las amenazas por fortuna para mi incumplidas de caciques regionales de la región zoque del vecino y querido estado Chiapaneco. En el ámbito federal tuve el privilegio con una buena cantidad de colegas y compañeros de experiencia de ser actores, planificadores y promoventes de servicios que hasta hoy persisten como las clínicas rurales y tiendas campesinas en zonas de pobreza y marginalidad en especial en poco más de 20 entidades en donde la población originaria tiene presencia significativa destacándose Chiapas, Yucatán, Puebla, Veracruz, Guerrero y por supuesto Oaxaca.
Fue en Veracruz en donde en mi época de estudiante en plena adolescencia, presencié por primera vez con bastante estupor las rechiflas, desaprobación y expresiones rudas hacia un gobernante sin que en ese momento valorara la actitud popular en un evento masivo en el estadio de mi añorada Xalapa y ante la actitud sino asumida como normal incluso compartida de mis compañeros de preparatoria con los que fui tejiendo una amistad que guardo en mis recuerdos más preciados, tratando de explicarme el origen de la actitud de una buena parte de los asistentes a por cierto una ceremonia internacional con motivo de juegos panamericanos o centroamericanos allí celebrados. Después comencé a saber y enterarme de las conductas sui géneris de ejecutivos federales que fueron desde la frivolidad y asumir imágenes y personalidades ajenas fueron desde la pretensión de ser lideres de lo que llamaron el tercer mundo, hasta la transformación hecha casi de Quetzalcoatl, el medroso que se ocultó en sus aposentos para no enfrentar las terribles consecuencias de un terremoto que devastó una parte importante de la capital del País, otro con pretensiones de convertirse en el nuevo líder que transformara las viejas estructuras corporativas del partido hasta entonces único con una mezcla de escuela de Chicago y añoranzas de cierto progresismo social encubierto en un discurso de solidaridad pragmática, dos alternancias con perfiles disímbolos y encontrados que movieron más al escarnio y a la vituperación por supuestos o verdaderos vicios y desvirtuadas personalidades, un retorno sin gloria y lleno de corrupción y lejanía con los graves problemas que se fueron extendiendo como el crimen organizado, la pobreza, la inseguridad, los secuestros, desapariciones y el cobro de piso para hasta ahora enfrentar ocho años de ilusiones de un cambio con la caída estrepitosa de la economía, el crecimiento ignominioso de los crímenes, feminicidios, desapariciones, extorsiones, control de carreteras, cobro por venta de productos agrícolas de importancia económica internacional, conversión y exculpación de actores y líderes partiditas y sociales en el actual partido oficial.
Pareciera que si bien este aciago panorama que experimentamos cada crece cada vez más al contrario de nuestras expectativas positivas más esperadas, lo acrecientan la animadversión a su gestión por el clima de polarización en nuestra sociedad de suyo enfrentada en que después de tantos años no hemos logrado configurar una sentido de nación y auspiciada actualmente por una forma de ideología reformista, la adjetivación negativa de quienes sostienen o expresan formas y conceptos diferentes al grupo en el poder que lo mismo son familiares de niños con cáncer ante la falta de medicamentos y atención oportuna, transportistas agobiados y agraviados por la extorsion, asaltos y asesinatos en carreteras, señalamientos de corruptelas gravísimas como el llamado huachicol fiscal que hoy por hoy es el uso de los recursos públicos de mayor cuantía por unos cuantos y la sobrada actitud de preeminencia y adjudicación de su ideología a contrapelo de lo que llaman los conservadores, la derecha y ahora en lo que califican como traidores a México.
Así parece que la celebración del mundial de futbol nos da un respiro con tantos frentes abiertos que una vez que termine puede convertirse un clima de mayor enfrentamiento, avance del crimen organizado para controlar aun más las elecciones que están por venir y las posiciones diferentes del propio grupo en el poder que no les permita abordar la problemática que padecemos para agudizar aún más nuestro aciago porvenir.
