Virgen de la Soledad, ampara a oaxaqueños en los tiempos más difíciles desde hace 400 años

Desde hace 400 años, Nuestra Señora de La Soledad ha sido la madre, un símbolo de identidad y un paño de lágrimas para los oaxaqueños ante las epidemias, terremotos y otras tantas desgracias.

Por ello ha trascendido la religiosidad popular, porque ha tenido una presencia constante en la historia de Oaxaca.

A los pocos años de llegar su imagen, el 18 de diciembre de 1620, según la historia del clero, las autoridades eclesiásticas de la época salían con ella de su santuario a recorrer las calles principales para buscar su amparo y la intercesión ante su hijo Jesucristo, ante la sequía, las epidemias y especialmente los temblores, después del crecimiento de la devoción a la Virgen entre la población de la antigua Antequera.

Según la primeras referencias históricas de esos sucesos, en 1672, el obispo Tomás de Monterroso salió cargando la imagen de su entonces santuario en una procesión rogativa para solicitar la lluvia.

De acuerdo con la Historia de Oaxaca, escrita por José Antonio Gay, un terremoto sobrevino a las 12 del día, el miércoles 28 de marzo de 1787 y duró aproximadamente cinco minutos.

"(Fue) un espantoso movimiento”, relató el historiador y religioso.

Por la tarde y por la noche se sintieron nuevos temblores que fueron percibidos de gran manera en la región de la Costa, especialmente en Pinotepa Nacional, donde se generó un tsunami de grandes proporciones.

Un día después, el jueves 29 de marzo, el entonces obispo José Gregorio Alonso Ortigosa ordenó sacar en procesión a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, para intentar aplacar la ira del cielo.

“Efectivamente, la procesión salió; más al pasar su efigie bajo el arco de la puerta del cementerio, se movió el suelo con extraordinario furor: el arco parecía desplomarse y la clave caer sobre la cabeza de la Santísima Virgen: entonces se oyó un grito que arrojaba aquella multitud angustiada. La perturbación de todos fue tal, que no pudo continuar la procesión, retirándose a su templo la santa estatua”, narró.

A partir de ahí, los relatos son cada vez más frecuentes en la historia de Oaxaca, como sucedió en el verano de 1812, cuando el entonces obispo Antonio Bergosa y Jordán nombró a la Virgen como suprema generala del Ejército Realista de la Nueva España, que combatía al Ejército Insurgente, encabezado por Miguel Hidalgo y José María Morelos y Pavón.

Sin embargo, después de derrotar a las fuerzas realistas y ocupar la ciudad de Oaxaca, el propio Morelos acudió al santuario el 18 de diciembre de 1812 con todos sus oficiales y tropas a visitar a la Virgen.

Durante su estancia dejó una espada y un cañón como regalo a la Virgen y la nombró Capitana de los Ejércitos Insurgentes, debido a que Miguel Hidalgo, encabezaba el movimiento de independencia nacional con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

A lo largo de los años, por las grandezas atribuidas a ella, muchos fervientes devotos ofrendaron numerosos regalos a la Virgen. De eso, existen en el museo decenas de exvotos antiquísimos plasmados en lienzos al óleo, para agradecer la intercesión ante su hijo Jesucristo y así salvar la vida frente algún infortunio de esos años.

“El 21 de noviembre de 1767, yendo a su casa Julián Castellanos, le salieron ladrones en la cañada de la hacienda de Don Benito… y le dejaron como muerto, invocando a ésta… se arrancó el cuchillo de la barriga, quedó libre y con salud”, testimonia una de esas ofrendas.

También se encuentran cuatro exvotos marítimos, uno de ellos, fechado en 1730, que dedicaron marineros, comerciantes y viajeros, para agradecer a la Virgen su ayuda, después de salir de las tormentas en el mar.

La Patrona de los Oaxaqueños

Por su acompañamiento durante cuatro siglos y los cientos de milagros concedidos, Nuestra Señora de la Soledad se ha convertido en la espina dorsal de la religiosidad del pueblo, porque por su gran fe hacia ella, nadie ha dejado de recibir una respuesta a sus peticiones y plegarias.

Por eso, no es raro que a los pocos años de llegar su imagen, la devoción a la Virgen empezó a crecer y a tener un gran arraigo, hasta convertirse en la Patrona de los Oaxaqueños, porque por esa gran fidelidad, nadie ha dejado de recibir una respuesta a sus peticiones y plegarias.

Poco a poco, el fervor por la Virgen alcanzó un excepcional arraigo en el corazón de los oaxaqueños, a tal grado, que en la totalidad de las comunidades se cuenta con una réplica de su imagen.

El rector de la Basílica Menor, Nicolás Ramírez García afirmó que Nuestra Señora de la Soledad es un símbolo importante en todo oaxaqueño, debido a su acompañamiento y presencia constante, así como por los milagros concedidos en momentos de desesperanza.

Aunque, observó que también constituye un signo de unidad, porque ha acompañado la historia de Oaxaca en los últimos cuatro siglos.

“En momentos críticos, como terremotos, epidemias, sequías, conflictos, convulsión social y demás, ahí a estado con nosotros, para darnos su compañía”, anotó.

De este modo, el presbítero destacó que el pueblo de Oaxaca manifiesta una gran fe a Nuestra Señora de la Soledad, pues siempre ha encontrado alivio en ella para resolver sus problemas.

“No solo en su festividad, sino casi todos los días vienen a dar gracias a la Virgen por seguir vivos y tener buena salud. También quienes ya se libraron del cáncer. Incluso, hace poco vino una familia completa a agradecer que habían sanado después de contagiarse de coronavirus”, apuntó.

Arribó en una mula

De acuerdo con José Antonio Gay, unos arrieros que venían del puerto de Veracruz hacia Guatemala llevaban una recua de mulas y poco antes de entrar a la ciudad de Antequera, se incorporó una mula que iba cargando un cajón. Al entrar a la ciudad, habiendo llegado a la Ermita de San Sebastián Mártir, la mula se dejó caer con su cajón al suelo. El dueño de las recuas, al no querer meterse en problemas, llamó a las autoridades civiles para notificar el caso.

Al abrir el cajón, la sorpresa fue grande, pues dentro venía la imagen de Jesucristo Resucitado y un bellísimo rostro de una Virgen, con finas y delicadas manos, tallado en madera.

El obispo don Bartolomé de Bohórquez e Hinojosa se presentó a dar fe del maravilloso suceso. Sacaron la imagen de Jesucristo Resucitado y de la Virgen que traía un rótulo que decía “Nuestra Señora de la Soledad, al pie de la cruz”.

Ese 18 de diciembre de 1620, los habitantes de la ciudad de Antequera, comenzaron su peregrinación a la Ermita de San Sebastián Mártir, a conocer a la virgen arriera.

La fe

400 años como Patrona de los Oaxaqueños

Su arribo

18 de diciembre de 1620

“En momentos críticos, como terremotos, epidemias, sequías, conflictos, convulsión social y demás, ahí a estado con nosotros, para darnos su compañía”.

“No solo en su festividad, sino casi todos los días vienen a dar gracias a la Virgen por seguir vivos y tener buena salud".

Nicolás Ramírez García

Rector de la Basílica Menor