La esquina de la calle Dr. Mario Pérez Ramírez y la calzada Porfirio Díaz, justo a un costado del Hospital General “Dr. Aurelio Valdivieso”, se convirtió una vez más en el escenario de la frustración. Al ritmo que dicta el semáforo de la Fuente de las Ocho Regiones, un grupo de trabajadores sindicalizados de la salud interrumpe el tráfico cada vez que la luz se pone en rojo. No buscan el colapso vial; buscan visibilizar un colapso mucho más grave: el de la salud pública en Oaxaca.
“Hacemos lo que podemos con lo mínimo”, dice con voz firme una enfermera del nosocomio, mientras sostiene una pancarta. La realidad que describe contrasta drásticamente con los discursos oficiales. Los trabajadores sindicalizados denuncian una crisis generalizada que incluye desabasto de medicamentos, falta de material de curación y un preocupante abandono en el mantenimiento de equipos médicos e infraestructura crítica.
La batalla diaria contra el desabasto y la desinformación
La protesta de este jueves no es un hecho aislado. Ocurre apenas 24 horas después de que los propios trabajadores sindicalizados emitieran un comunicado para desmentir las versiones difundidas por el sistema IMSS-Bienestar. Según la institución, el hospital opera con regularidad; según quienes están en la primera línea de atención, se trabaja bajo condiciones de alto riesgo.
Esta desconexión entre el discurso gubernamental y la realidad de los pasillos ha generado un fenómeno preocupante: la confrontación directa entre los pacientes y el personal médico.
"El pueblo cree en lo que el gobierno dice en las redes sociales y la televisión, que sí hay insumos. Cuando los pacientes llegan aquí y ven que no hay, creen que se los estamos negando, pero la verdad es que no tenemos material para trabajar", relata uno de los manifestantes.
El desabasto obliga frecuentemente a los familiares de los enfermos —muchos de ellos provenientes de comunidades indígenas de alta marginación al interior del estado— a salir a las calles a comprar desde jeringas hasta medicamentos de alta especialidad para que sus seres queridos puedan ser atendidos.
Un hospital que "dejan morir"
El pliego de reclamos de los trabajadores sindicalizados no es nuevo, pero la situación ha alcanzado un punto crítico. La infraestructura del principal hospital público de Oaxaca muestra signos de un abandono prolongado:
- Fallas en equipos vitales: Los elevadores presentan averías recurrentes, las calderas fallan constantemente y las autoclaves —indispensables para la esterilización del instrumental médico— operan de forma intermitente, poniendo en riesgo la bioseguridad de las cirugías.
- Logística interna colapsada: El área de cocina cumple meses en un eterno proceso de remodelación, lo que ha desarticulado la preparación y distribución interna de los alimentos para pacientes y personal.
- Sobrecarga laboral: Mientras los insumos disminuyen, el flujo de pacientes no para, lo que incrementa la presión y el agotamiento físico y mental de médicos y enfermeras.
Al ser cuestionados sobre los proyectos del gobierno, como la creación de la denominada "Ciudad Salud", el escepticismo de la base trabajadora es absoluto. "Si no pueden sostener los hospitales que ya tienen, como este, el de la Mujer o el de Ixtlán, que también están en desabasto y sin médicos, no van a poder sostener hospitales nuevos. Parece que la intención del gobierno es dejar morir a este hospital", sentenciaron.
La última línea de defensa
A pesar de la gravedad de la protesta, los trabajadores sindicalizados aclararon que las áreas de urgencias y hospitalización no se han suspendido. Su intención, aseguran, no es afectar a la ciudadanía, sino advertir sobre los riesgos reales a los que se enfrentan los oaxaqueños al cruzar las puertas del "Aurelio Valdivieso".
Mientras el semáforo vuelve a cambiar a verde y los autos avanzan, el personal de salud regresa a la banqueta, esperando una respuesta de las autoridades de salud que vaya más allá de las promesas de escritorio. Para el hospital de referencia más importante de Oaxaca, el tiempo se sigue agotando.
