DENARIOS: Una tarde de lluvia
El manto de niebla envuelve los cerros que rodean el pueblo, formando islas de tamaños y formas diferentes. El color verde obscuro de los tupidos árboles resalta, a sus orillas parece que toneladas de algodón gravitan y juegan. Pronto, la niebla baja lánguida hacia el pueblo, una voluntad ajena la extiende sin que ella ponga resistencia, en minutos llega hasta donde estoy. Dejo que su brisa fría me abrace; en segundos, el panorama se esconde tras su densidad, no se ve más allá de cuatro o cinco metros.