LECTURAS PARA LA VIDA: El ataúd de Giuseppe
Manuela partió una mañana; el canto del gallo aún dormía; un susurro constante nos despertó, era el llanto del abuelo Giuseppe, más bien un himno de amor ahogado; acudimos a su cuarto, al entrar vimos que la abrazaba, acariciaba su cabello, le cantaba con la respiración entrecortada. A los niños nos mandaron a jugar en compañía de la tía Neira, quien siempre buscaba contentarnos con golosinas, mis tías mayores se encerraron con los abuelos. Les envolvía un velo de resignación, sabían que era inminente.