Josefa
En esos instantes de su existencia, Josefa recordó el momento preciso cuando la gitana le avisó con una anticipación de 70 años, que moriría vieja, sola y congelada.
Como todas las mañanas desde hacía muchos años, ese fue un día más en la rutina de su vida; salió por el portón de madera que rechinaba alertando a los gatos de su llegada o partida; el destino era el mismo de siempre, la tienda de la esquina donde compraba tres piezas de pan a diario y un litro de leche cada tercer día.