Colectivo Cuenteros| Cuentos de matrimonio, infidelidad y dolor de panza
PROFANO
Le decíamos Tata Chata. Parecía que la punta de su nariz guardaba un tomatito criollo. Me gustaba estar con ella porque contaba cuentos, aunque ya no me acuerdo de ninguno. Ella sabía leer y escribir; decía que trabajó en una hacienda como niñera de los hijos del patrón. Una vez los acompañó a la capital y de lejos vio al presidente Porfirio Díaz, aunque nunca me dijo si era igual a los dibujos del libro de la escuela.