Casi un beso del infierno
Una tarde, al salir de la escuela, esperaba que llegara mi mamá por mí. Me dirigía hacia ella, cuando, como un aparecido, Fernando se le plantó enfrente. Con toda calma, le anunció que me amaba y que éramos novios. La sorpresa que nos causó su arrojo nos dejó mudas. De regreso, el coche era como una bomba de tiempo a punto de hacer explosión. Para no tocar el cable equivocado y detonarla, mejor me quedé callada. Ella tampoco habló; lo que fue peor. Al día siguiente, como siempre, me alisté para ir al colegio. Mi padre terminaba su café. Con toda parsimonia me informó: