Lecturas para la vida: Coronación
Mi bisabuela se quedó sin nada que perder por última vez un Día de Muertos. Mi madre lloró en la cocina y en todos los lugares de la casa. Ayudó a sus tías a preparar la comida y a pagar los rezos. No supe mucho porque nunca me preocupó saberlo. Nos acordamos de ella con el cariño que se guarda para los ausentes, los ancianos, los que no pudimos tocar más que en la superficie. A veces eso es la familia. Mi madre se quedó con dos de sus objetos: un molino de hierro y un reloj sin pila que nunca ha usado.