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CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO

Los pilares en la formación del psicoanalista, temas de actualidad

Alejandro José Ortiz Sampablo

Primera de cinco partes

En la nota con la cual finalicé la serie “La formación de los psicoanalistas. Temas de actualidad”, abrió paso para dedicar la presente al lugar que ocupa el análisis personal en la formación del psicoanalista.

El discurso del analista, no se aleja de lo que a este implica

Cuando inicié la formación como psicoanalista, prontamente me vi involucrado en discusiones sobre dicho tema, pues era sobre el cual trabajaba el grupo de analistas ese año, en específico “La política Lacaniana”. Seguramente, al igual que muchos lectores, me quedé con la interrogante ¿Qué demonios es eso? Me dediqué a escuchar a los psicoanalistas, aun cuando comprendía algunas de sus palabras, e incluso planteaban interrogantes que como paciente psicoanalítico me había hecho, surgían más dudas. Una de ellas era la que corresponde al análisis personal del psicoanalista novato.

He mencionado que mi encuentro con la creación freudiana fue inesperado, a mis 18 años tenía claro el rumbo que tomaría mi vida, hasta que una tarde por invitación de una nueva amiga a un cine debate, pues se removió mi alma con el discurso que escuché al finalizar la película. La frase que me perturbó fue una que años más tarde logré comprender “El deseo del hombre es el deseo del otro”, también supe que su autor era el psicoanalista francés Jacques Marie Émile Lacan. A pesar de que, quien estaba al frente de la charla era un joven entusiasta por el psicoanálisis, es la fecha que aún recojo enseñanzas de dicha tarde.

Una experiencia extraña

No debió pasar más de una semana cuando ingresé a un taller de comentario de texto, donde se daba lectura a la “Interpretación de los sueños”, libro en el que Sigmund Freud expone detalladamente su método de investigación. Mi mundo hasta esos días estuvo alejado de lo intelectual, mi mente era buena resolviendo cosas prácticas, tecnológicas incluso, más todo lo que aparecía ante mis ojos era nuevo. Las interrogantes que tenía hasta ese entonces sobre la vida y el alma eran solo eso, no pasaba que gastara unos ratos para intentar resolverlas, no imaginaba que existiera un lugar donde darles cause, cuando supe que tal lugar era la terapia analítica, no dude en ingresar. La primera experiencia fue algo bizarra, ya que ingresé a una terapia grupal, la que al poco tiempo desintegró el psicoanalista a cargo, pues ese tipo de terapia representa más dificultades que beneficios.
Hoy excuso al analista de ese entonces de hacer el experimento, por su atrevimiento, además de que hoy recojo dicha experiencia de otras maneras. Cuando cambie a la modalidad individual, como es la única forma de aplicar el método creado por Sigmund Freud, descubrí poco a poco un mundo que no imagine existiera en mí.

La decisión, anhelo o cobardía

Por lo narrado anteriormente, el debate sobre si debía ser un asunto de obligatoriedad o no el análisis personal para quien realiza la demanda de formación, se me antojaba absurda, para mí desde esa época era claro que la formación del psicoanalista es del orden del deseo.

Y por lo que sabía hasta ese entonces, cuando se desea algo, el sujeto no escatima en acciones, luego entonces, ¿por qué se opondría el futuro analista a tomar algo que lo implica directamente en su deseo?

Continuará el próximo miércoles…

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte
escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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