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Consultorio del alma. Cuenta conmigo: Años de guerra, sadismo y muerte; Psicoanálisis, política y ciudadanía

bomba
Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo

Hace un par de semanas, el martes seis de agosto se cumplieron 79 años de la caída de las bombas atómicas en Japón. Alrededor de las ocho con quince, hora local del año de 1945 por orden del presidente de los Estados Unidos de Norte América Harry S. Truman, se soltó el primer ataque nuclear sobre el país oriental.

 

Los nombres de la muerte

 

Leer la historia me provocó una infinidad de estados de ánimo, pues no pude evitar imaginarme las situaciones de quienes estuvieron en aquellos momentos. El saldo del primer artefacto bautizado como little Boy lanzado sobre Hiroshima, fue entre 70,000 y 80,000 personas muertas al instante; del segundo llamado Fat Man, cuyo primer objetivo era la ciudad de Kokura y que por situaciones ambientales y escases de combustible se soltó el nueve de agosto a las 11:01 en Nagasaki, se calcula que las primeras víctimas mortales ascendieron a más de 35,000.

 

Autorización y destrucción

 

En la vida cotidiana los seres humanos realizamos actos en los que se agrede a los demás, en muchas ocasiones con toda intención de provocar un daño. ¿Qué y cómo se autoriza cada sujeto a cometer tales actos?

En la intimidad del procedimiento psicoanalítico, escucho como en la dinámica psíquica de los seres humanos aparecen innumerables pensamientos, afectos, representaciones, entre otros más procesos psíquicos, que dan por resultado una acción, una conducta. Es a través de ello que se vuelve observable la disposición psíquica de cada individuo con el mundo. En el caso de la agresión descargada a otro, son sorprendentes los elementos que se descubren una vez que el paciente se entrega a la asociación libre; es pertinente aclarar que dicha asociación es solo un elemento dentro de la técnica psicoanalítica.

Años de guerra

 

Cuando leí fragmentos de lo que sucedía en esos años de guerra, intenté imaginar los momentos de vida de quienes perecieron y de aquellos que vivirían el momento más atroz de su existencia y las consecuencias en sus siguientes generaciones. También intenté ponerme en la piel de aquel que autorizó el ataque, de quienes soltaron las bombas, ¿Qué pensaban en esos momentos, que sentían? Leí un fragmento del discurso del presidente Truman anunciando el primer ataque nuclear realizado, no pude evitar imaginar a un sujeto orgulloso de su sadismo y del poder de destrucción que tenía en sus manos, supongo fueron muchos que compartieron con él ese sentir.

Es conocida la representación del ángel y del diablo respecto al debate de conciencia que realizamos las personas cuando intentamos definir una postura moral, y aunque el ángel y el diablo somos la misma persona, esta división de “conciencia” solo está al servicio de autorizarse a realizar un acto y una vez llevado a cabo, poder justificarlo. Eso es lo que se escucha en el discurso del presidente Truman. Pero ojo, eso también nos sucede en la vida cotidiana, es fácil observarlo, solo tienes que prestar atención querido lector.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 132 8534 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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