El azúcar añadido en los alimentos aumenta la virulencia de las superbacterias
Entre todas las bacterias conocidas, hay una que hace honor a su nombre por razones que ni siquiera sospecharon sus descubridores. En 1935, Elizabeth O’Tool e Ivan Hall, de la Universidad de Colorado (EE UU), estaban investigando cómo las bacterias colonizan los intestinos de los bebés pocas horas después de nacer. En las heces de un recién nacido se toparon con un microbio alargado y cabezón, con forma de cerilla. Fue muy complicado aislarlo y criarlo en el laboratorio, de ahí su nombre, Clostridium difficile.