Se encuentra en prisión Yadira Narváez, "la Reina de la Escopolamina" | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

Se encuentra en prisión Yadira Narváez, "la Reina de la Escopolamina"

Aleyda Ríos Chavela

Cerca de 100 pruebas, entre testimonios, cotejos dactiloscópicos, vídeos y exámenes de ADN tendría la Fiscalía 11 Seccional de Florencia, contra Yadira Narváez Marín, conocida en el mundo del hampa como "la Reina de la Escopolamina".

Era 4 de septiembre de 2011; hacia las tres y un minuto de la tarde, personal del Grupo Vida de la Seccional de Investigación Judicial e Inteligencia, Sijín, de la Policía en Caquetá, recibieron una llamada en la que se les reportaba el hallazgo de un cuerpo al interior de una residencia del centro de Florencia.

Al llegar al sitio indicado; la habitación 14 de la residencia La Carolina en la calle 16 número 10-52 del barrio El Centro de Florencia, los investigadores encontraron el cuerpo sin vida de un hombre que yacía encima de la cama de la habitación, semidesnudo en posición cúbito dorsal.

 

Para el personal que efectuaba la diligencia, no le fue difícil intuir que se trataba de un homicidio. La víctima tenía el índice de la mano derecha teñido de negro; el responsable del crimen le había extraído su huella dactilar con algún fin.

Al iniciar las pesquisas para determinar lo que ya sospechaban; que el autor material del crimen era una mujer y que tenía relación con dos anteriores que ya se habían registrado en circunstancias similares, los investigadores le recibieron testimonio a la recepcionista de la residencia, quien fue la persona que le dio el reporte a las autoridades sobre el hallazgo del cuerpo y que en últimas, habría observado al responsable del homicidio.

Según relató la empleada del sitio de hospedaje; testimonio que fue leído por la Fiscal 11 Seccional de Florencia, Martha Patricia Tarazona Gómez, durante la audiencia de imputación de cargos, instalada por una juez con funciones de garantías, contra Yadira Narváez Marín por la muerte de Libardo Torres Ordóñez, como fue identificado el occiso; la saga de acontecimientos que terminaron con su muerte, iniciaron hacia las 7:30 de la mañana de ese fatal domingo.

De acuerdo con la recepcionista, ella llegó a ponerse frente a su puesto de trabajo, el 4 de septiembre de 2011 a las 6:00 de la mañana. Le recibió a su compañero y hora y media después, llegó una pareja al sitio.

El testimonio citado por la Fiscal Tarazona Gómez, señala que, «el hombre que acompañaba a la mujer de estatura promedio, ni muy flaca, ni muy gorda, morena que vestía jeans, camiseta blanca y tenis, solicitó un servicio».

La recepcionista le habría dicho, según su relato, que «el rato» costaba 12 mil, por lo que Torres Ordóñez le pagó con un billete de 50 mil pesos, no obstante, cuando la empleada de la residencia le dijo que no tenía vueltas, este le contestó que cuando pidiera el almuerzo le pagaba todo, que no se preocupara.

Según la declaración de la mujer, la víctima le pidió luego unas gaseosas, cuando se las llevó, vio a Narváez Marín cerca del lavamanos, pero no se percató de qué estaba haciendo.

La recepcionista contó que luego de unos minutos, escuchó al hombre pujar, pero pensó que se trataba de la emoción del momento, por lo que no hizo nada al respecto, después, vio que la mujer salió del cuarto con unas fotocopias en la mano, tras unos minutos, ingresó a la residencia con un huellero y se sentó en la sala del sitio.

De acuerdo con su testimonio, Narváez Marín se rascaba constantemente la cabeza. Cuando la empleada de la residencia le preguntó qué le pasaba, ésta le pidió primero un lapicero, diligenció unos papeles y después le solicitó copia de las llaves de la habitación, porque se le habían quedado las suyas adentro.

La recepcionista, según le dijo a la Fiscalía, le facilitó a Narváez Marín todo lo que le había pedido, hasta que después de unos minutos, se fue del lugar y no regresó jamás.

La escena del crimen

A las 2:00 de la tarde, previendo que no le habían cancelado el servicio y que se hacía tarde, la empleada de la residencia empezó a tocar a la puerta de la habitación 14.

Pasados unos minutos, como el hombre no le respondía, la recepcionista decidió abrir la puerta. Cuando penetró en la habitación, la mujer encontró al hombre semidesnudo encima de la cama, por lo que se le acercó y al ver que su rostro estaba cubierto por un trapo, le tocó la barriga; al notar que no respiraba y que las manos las tenía moradas, gritó y salió corriendo a llamar a la propietaria del establecimiento.

Las pesquisas

Al tiempo que las autoridades realizaban la diligencia de inspección técnica a cadáver, afuera de la residencia, cientos de curiosos merodeaban y murmuraban. Pensaban que se trataba de "la Burundanguera".

Cabos sueltos

No hay crimen perfecto, por lo menos eso demostraría Yadira Narváez Marín en los que cometió. Además de haber sido vista por una empleada de la residencia en la que asesinó a Libardo Torres Ordóñez el 4 de septiembre de 2011, "la Reina de la Escopolamina", previo a acabar con la vida del tendero Leónidas Polanía, se vinculó sentimentalmente con él, razón por la que algunos de los hijos de la víctima alcanzaron a conocerla.

Así mismo, el 19 de septiembre de 2011, es decir, 15 días después del homicidio contra Torres Ordóñez, Yadira Narváez Marín condujo hacia la residencia Monterrey de Florencia a Simón Vega, no obstante, pese a que lo llevó hasta ese sitio, con la promesa verbal de comprarle una motocicleta con el único propósito de robársela, para lo cual le dio a ingerir veneno, mezclado en una cerveza, la víctima sobrevivió.

Estando en el hostal, Vega, quien intentaba concretar la venta de una moto para lo cual llegó desde el barrio Santander de Florencia, hasta la residencia, donde "la Burundanguera" le dijo que los estaba esperando un hijastro que le revisaría el vehículo para evitar que ella se hiciera a una moto que tuviera fallas mecánicas, empezó a sentirse mareado por lo que intuyó que la mujer le había dado a ingerir algo a través de la cerveza.

Ese presentimiento le salvó la vida, porque se indujo el vómito, al punto que evacuó la sustancia que la mujer le había suministrado en la cerveza.

Sin embargo, mientras llegaba al hospital para ponerse a salvo, Yadira Narváez Marín le hurtó la motocicleta y la empeñó en una prendería. Esa misma noche, las autoridades encontraron el vehículo y lo recuperaron, al igual que lo que pasó con la moto de Ordóñez, se le incautó a un tenedor al cual la mujer la había vendido, luego de efectuar el crimen.

Responsabilidad

Luego de una exhaustiva investigación, las autoridades lograron identificar a Yadira Narvárez Marín como la presunta autora material de los homicidios contra tres personas en Florencia, no obstante, la mujer, sin que nadie lo advirtiera, al parecer, cobró la vida de una persona más.

El 11 de septiembre de 2011 fue hallado en el Hotel el Nuevo Sol de Florencia, el cuerpo sin vida del moto-trabajador, Reinaldo Ramírez Prado.

A la víctima también se le había hurtado la motocicleta en la que trabajaba y había sido empeñada en una compraventa cercana a la Terminal de Transportes.

En la cámara de seguridad de la casa de empeño, quedó plasmada la imagen de Yadira Narváez al momento en el que fue a transar la motocicleta por una suma superior a 300 mil pesos.

Aunado a eso, en la habitación 11 del hotel en el que fue encontrado el cadáver de Ramírez Prado, las autoridades descubrieron una hebra de cabello, que luego de someter a un examen de ADN, se determinó que correspondía a "la Burundanguera".

Dos semanas después, el 24 de diciembre, la Policía la capturó en el Terminal de Transportes de Neiva y la puso a disposición del aparato judicial.

El pasado 17 de julio, el Juez Cuarto Penal del Circuito condenó a 42 meses de prisión a Narváez Marín, por el delito de hurto calificado por lo ocurrido con Simón Vega, el comprador de motos, al que le dio a ingerir veneno en una cerveza para robarle un vehículo.

Luego, aceptó haber asesinado a Reinaldo Ramírez Prado y el pasado 11 de enero dijo que sí fue la responsable del homicidio de Libardo Torres Ordóñez, no obstante, negó ser la autora material del crimen que le segó la vida a Gustavo Arriguí Álvarez y por el que podría enfrentarse a la pena máxima de 60 años de prisión.