Congelados por la miseria en el ejido Guadalupe Victoria, Oaxaca
A menudo, Socorro cubre el rostro con sus manos tratando de apagar la desesperación, pero los sollozos y las lágrimas se fugan entre los enjutos dedos, se disipan para luego escapar por las cientos de ranuras y agujeros de las paredes y techo de lámina que forman la pequeña vivienda.
La mujer permanece meditabunda por varios minutos en el carcomido sillón verde, el único asiento que tiene para descansar sus piernas enroscadas por la embolia sufrida en la niñez. Brenda, de 6 años y Misael de 2, la miran incomprensibles a las causas que llevan al llanto a su madre.