Nallely Guadalupe Tello Méndez1
A Karen, para que sepa que aunque yo no esté ahí, millones de espíritus la sostienen.
bell Hoks en el libro “Feminismo es para todo el mundo” dice: “Es imposible que la ciudadanía de este país llegue a conocer las contribuciones positivas que ha generado el movimiento feminista en todas nuestras vidas si no destacamos estos logros […] Compartir el pensamiento y la práctica feminista sostiene al movimiento feminista. Los saberes feministas son para todo el mundo” (p. 46).
Esta cita me hizo preguntarme cuáles serían los logros que desde mi experiencia compartiría. Quiero aclarar que, por supuesto, asumo que me integré a un movimiento que existía muchísimo antes de que yo me involucrará, que en la ciudad de Oaxaca ya reconocía como referente a la Casa de la Mujer Rosario Castellanos y que ya traía el sello de la participación de las mujeres en el 2006. También, obviamente, muchas cosas pasan a la par de lo que una vive y no alcanza a enterarse o a recordar. Pido disculpas desde ya porque este escrito tiene muchos más vacíos que referencias.
Llegué a Consorcio Oaxaca en 2009. Ese año cerró con 69 feminicidios y 19 desaparecidas2. Ya eran datos que convocaban cantidad de reuniones y movilizaciones para exigir que ninguna mujer más fuera víctima de esas violencias. Sin embargo, las cifras registradas en 2021 son aún más terribles: 90 fueron asesinadas y 486 desaparecidas3. Si bien, éstos y otros tipos de violencia contra las mujeres en Oaxaca, en el país y en el mundo, siguen a la alza, eso no es una responsabilidad de los movimientos feministas si no parte de las luchas de poder que se dan dentro de un sistema que, en su decadencia, intenta afirmarse a través de la violencia, que generando tanta muerte y volviéndola espectáculo genera una sociedad indolente. La pedagogía de la crueldad -como le ha llamado Rita Segato- ha funcionado.
Aun así, reconocer que la violencia contra las mujeres y, en específico, los asesinatos, tenían características particulares, es un avance importante en la agenda feminista. Salir de la idea de que se nos mataba por “putas” o por estar involucradas en el crimen organizado, como se pensaba por aquellos tiempos, ha ayudado a desmenuzar, visibilizar y nombrar con mayores elementos a la violencia patriarcal.
En los últimos tiempos los movimientos feministas han logrado articularse, principalmente, a través de la exigencia del alto a los feminicidios y en favor del aborto legal, con mayor masividad y radicalidad. En mis primeros años en el argot de las organizaciones civiles de mujeres oí con frecuencia la frase: “nunca hemos sido un movimiento de masas” y hoy sí. Hoy podemos decir que pertenecemos a un movimiento que, en distintas fechas, entre ellas, el 8 de marzo, convoca a millones de mujeres en todo el mundo.
En la capital oaxaqueña, si no me fallan las cuentas, existen tres convocatorias para salir a manifestarse este martes -a las 10, 15 y 16 horas-; si bien, una lectura puede abundar en la idea de la “división”, la realidad es que hace años no había tantas mujeres nombrándose feministas, impensable esa posibilidad de que en un mismo día distintos grupos se convocaran de esta manera. Poder diferir e incluso escindirse, es parte, y muchas veces, dinamiza la pluralidad. Esto, a la par de ser un logro es, a su vez, un reto importante.
Actualmente, hay más espacios de encuentro entre mujeres para hablar de nosotras y fortalecernos. Solo por citar algunos de los innumerables que existen, ahí están procesos inspiradores como el Círculo de Lectura las Mujeres por Nosotras Mismas, los Encuentros de Mujeres Poetas en el Istmo de Tehuantepec, la Madriguera y Red de Mujeres Indígenas Trenzando Saberes, entre muchos otros que en su diversidad renuevan los círculos de formación feminista de los que habla la misma bell hoks.
En esos espacios hemos hecho tangible que lo personal es político en la resonancia con las otras. No quiero dejar de nombrar esfuerzos como la Escuela para la Libertad de las Mujeres o el Diplomado de Estudios de la mujeres, feminismos y descolonización, que a mi juicio han tenido un aporte vital en la configuración feminista que tenemos hoy en la ciudad de Oaxaca.
Uno de los ejes centrales de Consorcio Oaxaca, en 2009, era el trabajo con las mujeres en la región mixe. Hace varios años que no estamos allá cotidianamente, pero miramos con orgullo y admiración a las jóvenes que hoy por hoy alzan su voz y su lengua para cuestionar, defender y tejer comunidad. Sabemos que varias no se nombran feministas, que reconocen otra genealogía pero, sin duda, su palabra suena fuerte y nos cuestiona.
Una buena parte de nuestro trabajo ahora se enfoca más en el acompañamiento a mujeres defensoras de derechos humanos porque la guerra no declarada de Calderón en México, el avance de la derecha, el incremento de la presencia de proyectos extractivos, entre otros factores, vulneraron a muchísimas mujeres. Tejimos redes poniendo la vida en el centro y desde todas ellas, como Martha Gómez, decimos: ¡Para la guerra, nada!
En 2009, en Oaxaca, la derecha logró incorporar en la Constitución local la protección de la vida desde el momento de la concepción; en 2019, en sus diferencias de acción -mujeres y feministas en el estado- logramos que se despenalizará el aborto hasta las 12 semanas. Este es, en los años más recientes, el logro más festivo y más visible que hemos tenido porque, además, se ha multiplicado en distintos estados y países. Sin embargo, la lucha por acceder a este derecho es de larga data por lo que también permite ver la creatividad de un movimiento que tiene siempre que refrescar sus estrategias para mantener vigentes luchas añejas y de vital importancia.
Durante estos años, en Oaxaca, hemos visto una embestida de empresas extractivas que, a través de concesiones, se quieren adueñar de nuestro territorio y han sido las mujeres las primeras en denunciar los efectos de su llegada hablando del impacto de la contaminación del aire, el suelo o la escasez del agua y, también, poniendo el cuerpo para detener el avance de las maquinarias o de las balas que pretendían operar los proyectos en distintos territorios. Sus voces por la defensa de la vida, con mayor frecuencia, se escuchan en asambleas, radios comunitarias, foros, escuelas, calles, etcétera.
En esos mismos espacios hemos visto crecer y organizar la rabia contra la violencia sexual. Cada vez más colectivos denuncian el acoso callejero, desenmascaran a los agresores que son parte de sus familias o evidencian a aquellos hombres que abusan de sus jerarquías y violentan los cuerpos de las mujeres. Desde Oaxaca, no solo nos sumamos a iniciativas como el #Mi primer acoso (2016) o el Mee too (2017), sino que se nombraron, discutieron y juzgaron en tribunales feministas casos en espacios públicos. Estas acciones ampliaron el campo de resonancia sobre la violencia sexual en el estado, pero no hay que olvidar que señalamientos al respecto han existido desde mucho antes. Tejidas en múltiples articulaciones, las jóvenes en la gran mayoría de regiones del estado salen a visibilizar este tipo de violencia y a transgredirlo todo.
Lo anterior es otra forma de cuidarse colectivamente y si a algo, desde Consorcio, hemos dedicado más de una década de nuestro trabajo es a ir creciendo en una reflexión y una práctica que nos convoque a dejar de ser para “lxs otrxs”, dentro y fuera de nuestro activismo, para mirarnos y reconocer nuestros dolores, pero también nuestros deseos, para dejar de colocar la esperanza en el futuro y construir el buen vivir y el buen trato aquí y ahora.
En estos trece años, más mujeres tomaron cargos públicos -sea por el devenir histórico de sus comunidades o por una serie de reformas legales, nacionales y estatales, que las llevaron forzosamente ahí-; sabemos que eso trajo muchos conflictos al interior de distintos pueblos, pero hoy en el imaginario de muchas jóvenes ocupar esos puestos, si algún día lo desean, ya no es tan lejano.
Y también saben que no tienen por qué aspirar a ese poder. No solo por la crisis del sistema capitalista, racista, clasista y patriarcal, si no también gracias a que las feministas cada vez menos “hablamos por” y que cada una habla “desde sí”; hay una revaloración de saberes ancestrales y de los aportes que desde distintos espacios realizamos las mujeres. ¿Quiénes, si no las conocedoras profundas de la herbolaria o de otros saberes ancestrales, impidieron que la suma de muertes por COVID 19 fuera mayor en los lugares -que son muchísimos- en los que no hubo atención médica en esta pandemia? Ni hablar de las parteras que históricamente trajeron al mundo la vida que otros no querían recibir.
Hace trece años no recuerdo haber oído entre los grupos de mujeres con los que compartía el término “transexualidad”; hoy, no creo que haya alguna feminista en la capital oaxaqueña que no conozca a una persona transexual o que no haya sido interpelada por alguien respecto a qué significa ser mujer hoy, o que no haya pensado en cómo nombrar a otres sin invisibilizarnos a nosotras.
En 2009, nos aproximábamos a las redes sociales y no alcanzábamos a ver cómo se traducirían estos espacios en nuevas formas de violencia. Actualmente, las activistas digitales nombran desde ahí las desigualdades históricas y los distintos rostros que adopta día con día el patriarcado en diferentes espacios: el virtual, la calle, la empresa, la casa, la cama; diariamente vemos en nuestros muros denuncias que van desde tik toks reclamando pensión alimenticia para las infancias hasta el gosting.
Venimos del encierro que, aunque muchas no hayamos hecho por las condiciones económicas que tenemos, si es verdad que significó un alto en un fuerte proceso organizativo que se venía gestando, previo a la pandemia. Algunas traemos pérdidas y miedo al contacto. Aun nos falta tramo por comprender y caminar, así que vale más respirar hondo para sostenerse porque la lucha aún es larga.
Todo logro puede tener su revés y todo vínculo, una fisura, por eso es importante no dar nada por sentado: menos a nosotras mismas. Es la posibilidad de cuestionarnos, repensarnos, rehacernos, rearticularnos, la que hace del “estar siendo” la energía de los feminismos.
1 Integrante de Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca AC (Consorcio Oaxaca).
2 Colectivo Huaxyacac (2011), Violencia contra las Mujeres. Una herida abierta en Oaxaca 371 feminicidios ¿Dónde está la justicia? 2004–2011 Recuento ciudadano, Pag 20
3 Consorcio Oaxaca (2022) Violencia feminicida en Oaxaca en https://db.violenciafeminicida.consorciooaxaca.org.mx/categorias/desaparecidas?csrfmiddlewaretoken=5E2eNHrjIjvq6e4KVEKSEpe2DgKAuG9iybVcfCwxZ9mCbqOa9avLPinbWx010KAu&year=2021&date_note_gt=&date_note_lt=&victim=&age_gt=&age_lt=&aggressors_gt=&aggressors_lt=&informer_name=
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