En la actualidad, la misión de la Iglesia Católica requiere discípulos auténticos como Santo Tomás, más no personas hipócritas, aseguró ayer el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún.
En la homilía de la misa celebrada en Santo Tomás Apóstol Ixtlán, por su fiesta patronal, el mitrado afirmó que el rasgo más característico del apóstol Santo Tomás, según el antiguo calendario litúrgico, es sanamente curioso, porque no le bastan las frases hechas ni dicho por la gente para creer en Jesucristo.
“Su fe necesita basarse en fundamentos ciertos, incluso racionalmente”, añadió.
Por eso, expuso que el nombre de Santo Tomás sigue vinculado, en el imaginario colectivo, a la poca fe, a su incredulidad, aunque después reconoció como señor a Jesucristo, el hijo de Dios.
“Es decir, Tomás se lanza hasta donde nadie, hasta este momento de la historia bíblica, se había atrevido a llegar: reconoce a Jesús como su Dios”, añadió.
De este modo, subrayó que Santo Tomás es el artífice de la más alta afirmación de fe jamás expresada, a pesar de simbolizar la poca fe en el imaginario colectivo.
“Ante el Maestro, Tomás proclama la más grande y sublime profesión de fe de todo el Nuevo Testamento ‘Señor mío y Dios mío’ y Jesús en respuesta proclama la bienaventuranza final, ‘Dichosos los que creen sin haber visto’. Es gracias a Tomás que Jesús tiene la posibilidad de consolar y fortalecer a los cristianos de todos los tiempos, porque nos permite atravesar los momentos de duda y salir robustecidos”, aseveró.
Ante ello, resaltó que la Iglesia Católica necesita a misioneros que miren de frente la realidad del sufrimiento y toquen con sus propias manos las heridas de los crucificados de hoy.
“Que sean capaces de indignarse ante la injusticia, de confrontar el mal a la luz de la fe, pero también con la fuerza y la determinación de una persona completa, que reacciona con la cabeza, el corazón, el alma y el instinto como Santo Tomás Apóstol.
Tut Tún dijo que la fe de Santo Tomás y el Adviento están intrínsecamente ligados, porque es un tiempo litúrgico de intensa preparación para la llegada de Jesús, centrado en renovar la esperanza, la oración, la conversión y la caridad.
“La fe como la de Santo Tomás es el motor que impulsa esta espera activa, pasando de creer en Dios a creer a Dios, como un acto de entrega confiada a su plan, personificado en la figura de María y San José, quienes nos enseñan a acoger a Cristo en nuestro interior”, remarcó.
