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De Oaxaca para el mundo: El paramédico indígena que lleva esperanza a Venezuela

Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

"Dicen que estamos lejos territorialmente, pero no hay frontera que nos detenga a todos los voluntarios". Con esa convicción, Neptalí García Laces, un enfermero urgenciólogo, originario de la comunidad indígena chontal de Santiago Astata, Oaxaca, se encuentra hoy en el epicentro del dolor y la esperanza en Venezuela, arriesgando su vida como parte de la emblemática brigada de rescate Topos Azteca Tlatelolco.

A través de un emotivo video que ya supera las 245 mil reproducciones en redes sociales —compartido con orgullo por su hermano Abisai Pachito Laces bajo el emotivo mensaje "Orgulloso de ti, hermano mío, el fhis JR"—, Neptalí relató el rostro más humano, y a la vez más duro, de la misión humanitaria que desempeñan en el país sudamericano.

 

Una vocación nacida de la tragedia

La historia de Neptalí  con los Topos parece predestinada. La brigada nació formalmente tras el devastador terremoto de México en 1985, el mismo año en que él apenas era un bebé de meses. "Me uní a la brigada desde el momento que los veía en la televisión, en las noticias, cuando ocurrían los desastres. Me apasionaba", confiesa el oaxaqueño.

Tras cumplir con un estricto entrenamiento, cambió temporalmente los pasillos del hospital público donde trabaja en México por los escenarios más complejos del planeta. Su fe y preparación lo han llevado a misiones extremas en el Volcán de Fuego (Guatemala), las inundaciones de Piura (Perú), los terremotos de Yakarta (Indonesia), Turquía y Marruecos. Hoy, su trinchera es Venezuela.

"Nuestra misión es primero hacer rescate de personas vivas. Hay situaciones donde nos quiebra el corazón, pero tenemos que hacer la actividad", relata Neptalí con la voz entrecortada.

 

El dolor y el éxito bajo las estructuras colapsadas

La labor de un rescatista exige una templanza de acero. Neptalí compartió uno de los momentos más devastadores de las últimas horas en la misión venezolana: la recuperación de los cuerpos de tres pequeños hermanos que permanecían atrapados.

"Ayer retiramos a tres hermanitos juntos y la mamá está afuera esperándolos. Tenemos que hacer todo lo posible para que ella pueda tener a sus propios hijos y darles el proceso que sigue. Eso nos quiebra a veces, pero también nos reconforta la actividad que estamos haciendo: seguir avanzando poco a poco".

Sin embargo, la resiliencia de los Topos dio frutos poco después, cuando rescataron con éxito a una familia completa atrapada bajo los escombros. Para Neptalí , la mayor recompensa es la hermandad encontrada en el camino. Recordó con cariño cómo un alumno panameño al que entrenó hace un año en Honduras, hoy se encuentra en la misma misión en Venezuela, trabajando hombro con hombro como un Topo consagrado.

Asimismo, destacó la solidaridad local, personificada en un policía venezolano que pasó de custodiar la zona a meterse bajo las estructuras colapsadas a rescatar vidas, ganándose el título de "un hermano más dentro de la brigada".

 

El costo del voluntariado: "Salimos y regresamos... y si no, es parte del trayecto"

Detrás de cada rescatista hay una familia que aguarda con el corazón en un hilo. Neftalí reconoce que el voluntariado es complejo y que sus seres queridos en Oaxaca apoyan su pasión, aunque se queden con la incertidumbre.

"Yo soy de la idea de que salimos y regresamos. Y si no, es parte de nuestro trayecto", afirma con una serenidad pasmosa. Antes de volver a la zona de desastre, Neftalí se quita el sombrero ante las nuevas generaciones, especialmente ante las mujeres que hoy rompen estereotipos operando en estructuras colapsadas.

Desde Oaxaca hasta Caracas, la bandera mexicana brilla en el pecho de este enfermero chontal, demostrando que cuando se trata de salvar vidas, la hermandad latinoamericana no entiende de distancias.

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