LECTURAS PARA LA VIDA: ¡Ay, Jalisco, no te rajes!
Aunque la noche esté obscura
y aquí no hay ninguna luz
con tu divina hermosura
la iluminas toda tú,
con tu divina hermosura
la iluminas toda tú...
Ernesto Cortázar-Manuel Esperón
Aunque la noche esté obscura
y aquí no hay ninguna luz
con tu divina hermosura
la iluminas toda tú,
con tu divina hermosura
la iluminas toda tú...
Ernesto Cortázar-Manuel Esperón
Ahí me tienen tendido en una cama con el cuerpo crispado, con un dolor insoportable que se intensifica con cualquier pequeño movimiento, circunstancia que me tiene encerrado, no solo en mi casa o en mi cama, sino en mi propio cuerpo. Buscando algo que me ayude a sobrellevar el dolor, recuerdo una asignatura pendiente: la lectura de "El viejo y el mar", la obra del autor estadounidense Ernest Hemingway (1899- 1961).
Terminó la marcha y comenzó el mítin. De pronto la vio allí parada junto al quiosco, así como le gustaban, de buen ver y mejor tocar, mujer madura entre 40 y 45 años de edad.
Carol va quedándose poco a poco sin vida, su existencia se consume como si tuviera un vampiro pegado a ella o estuviera siendo devorada por una araña que no está dispuesta a dejar en pie más que su cáscara. No es ninguna enfermedad lo que la destruye, sino el estrés de una vida que no le complace y no reconoce como suya. Su esposo se ha ido, dejándola sola en una casa cuya hipoteca no puede pagar, con deudas que cada vez se acumulan más en sobres y llamadas telefónicas que le hacen imposible olvidarlas o al menos ignorarlas.
En su primera novela, "Las perlas malditas del almirante" (Martínez Roca), la autora Mónica Hernández logra un verdadero retrato de memorias como escenario para narrar una historia en dos tiempos, en la que una maldición plagada de secretos, envidias y muerte, es la protagonista del entramado entre sus páginas.
Había una vez, hace mucho tiempo, cuando todavía podíamos salir a la calle sin miedo a perder la vida, existía un Oaxaca, que durante las dos últimas semanas de julio, bullía de algarabía, gozo, calendas, música, colores, máscaras, cohetes, danzas y un largo etcétera. En aquellos días, las calles se encontraban repletas de vida y la verbena parecía no terminar, con llenos absolutos en todos los eventos organizados. Eso sí, pagado por el Gobierno del Estado, representando éstas, las fechas de mayor derrama económica para la ciudad.
No cumplía los 18 años y tenía que decidir a qué dedicarme en la vida; fue cuestión de tiempo para que llegase el momento. Desde pequeño, me intrigaba la conducta de mis compañeros de salón respecto a lo que querían ser de grandes. Cuando me preguntaban, respondía lo que se me ocurría en el momento, para que tanto ellos como los adultos no insistieran, pues algunos comentarios que proseguían eran tontos; sin embargo, a esa edad quien se sentía así era yo, por no saber qué ser cuando fuera adulto.
Se cree que los hombres que andan en dos perdieron su camino; desde entonces, sus almas abandonaron sus cuerpos, nadie sabe a dónde fueron ni por qué después de tantos años no regresan; algunos aún las esperan, pero cada día pierden los recuerdos de lo que eran y bestias del aire empiezan a habitar sus cuerpos, llevándolos a hacer cosas atroces, donde lastiman a todo aquello que les parece hermoso o bueno; incluso persiguen a los zaen para absorberles la poca bondad que hay en ellos.
Sofía Montes es una narradora de apenas 16 años de edad, originaria del Estado de México, pero radicada en la ciudad de Oaxaca de Juárez -desde que tenía 4 años-, por lo que se asume como oaxaqueña y quien recientemente escribió una novela perteneciente al género fantástico y de aventuras.
Es de llamar la atención que a tan corta edad y sin haber tomado algún taller especial, haya podido concluir un proyecto tan ambicioso y complejo, considerando que apenas estudia el tercer semestre de bachillerato.
Impresa en el taller la Maquinucha Ediciones, la Gaceta El Alacrán fue diseñada con dinámicas y contenido para niñas y niños de las comunidades que no cuentan con acceso a internet. Esta publicación fue editada por Amigos del IAGO y del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo A.C., así como por los institutos culturales que fundó el artista Francisco Toledo, tendrá distribución gratuita a quienes lo soliciten.