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Señala Vanessa Londoño el dolor y la violencia en "El asedio animal"

Carina Pérez García

Cuando Vanessa Londoño comenzó a escribir “El asedio animal”, Almadía,  transcurría un proceso de paz en Colombia. En ese entonces fue un gesto político de su escritura. Estaba, en ese momento, motivada por enterrar en una ficción lo que había pasado en su país. Quería entonces dedicarse a la no ficción de otras realidades que no fueran violentas, porque tenía la esperanza de que el proceso de paz iba a cambiar, pero no ocurrió así. Esto marcó a su novela y la cambió; también cambió lo que el libro representa.

En entrevista presencial, como invitada a la 41 Feria Internacional del Libro de Oaxaca, la escritora habló de cómo el proceso de paz está totalmente desarticulado en Colombia y cómo eso afecta día a día a sus habitantes. “Ahora el proceso de paz está desarticulado. Tenemos un gobierno que se dedicó a acabar la implementación del proceso de paz y vuelven a salir las violencias”. 

En ese sentido, la lectura de su libro también será distinta desde donde se lea. “El libro ha cambiado no sólo en lo que escribí, sino que en lo que representa. Es distinto leerlo en el amparo de un posible proceso de paz y otra es leerlo bajo la contundencia que hoy está sin implementarse. Eso forma parte de la inmovilidad de mis personajes, que son como fantasmas, son esa colmena que parece que tenemos en Colombia, que parece que no vamos a poder salir de ese ciclo de violencia”. 

Considera que, en el fondo, “El asedio animal”  es un libro de fantasmas que van habitando el lugar y aprendiendo a vivir con esa condena de la cual tal vez no salgan:  “Parte también de la idea de los miembros fantasma y la restauración, no sólo de manos o lengua, sino también del deseo”. Londoño escribe el cuerpo mutilado como un sistema para explicar la pérdida, un camino para evocar la empatía.

Personajes invisibles en un espacio como protagonista

Editado por el sello oaxaqueño Almadía, este libro cuenta sobre un poblado colombiano donde el cuerpo de los seres humanos experimenta el placer y el deseo, pero también es el terreno donde el horror de la violencia imprime los castigos más brutales. A los protagonistas de estas historias les han arrancado algo: les arrebataron a sus seres queridos, las piernas o la tierra; pero aun sintiendo en la carne la presencia de sus pedazos faltantes, se empeñan en recordar sus historias.

“Este libro habla de la depredación del hombre blanco sobre la naturaleza, sobre comunidades vulnerables, sobre mujeres”. Uno de sus referentes es el libro “Manhattan transfer”, de John Dos Passos, en la que la atención está puesta sobre un espacio geográfico que se construye, porque Londoño concibe su novela como una cartografía donde el espacio ocupa un lugar primordial.

Comenzó a escribir “El asedio animal” en 2019 y fue publicado este año, tras la espera pandémica. Muchos consideran a esta novela como un acontecimiento editorial, un repaso del dolor histórico; una purga de una serie de sucesos que siguen persiguiendo el país natal de la autora: Colombia. 

“Sin embargo, y a pesar del dolor manifiesto que hay en sus páginas, también hay en el libro una celebración de la supervivencia y de la vida misma, de esos mínimos goces de los que las personas nos agarramos para continuar un camino con estoicismo ante la incertidumbre”.

Aunque le haya tomado tres años concluir esta novela, todo proceso tuvo que suceder así, en los tiempos justos. Londoño refiere que así como cambió el libro, así cambió la realidad de su país. Uno de los cambios más significativos fue el título, por ejemplo. 

“Internamente tuvo un cambio importante desde lo que quería representar, cambió también el sentido que era originalmente un libro de relatos, que aún lo tiene, pero encontré otro foco: me concentré en la idea del territorio. Creo que una novela puede estar pensada desde la geografía y la territorialidad, y que estos fueran los personajes principales de la novela”.

Una de sus influencias de Juan Rulfo, a quien relee y debido a ello incorporó a su novela la lluvia, ya que todo transcurre en un espacio en el que todo el tiempo está lloviendo. Durante el proceso de escritura de esta novela, Vanessa hizo lecturas de escritores como: Margarita Cavendish, Elena Garro, Álvaro Cepeda Samudio, Juan Rulfo y William Faulkner.

Acompaña a la novela, una playlist de música que es una suerte de recorrido geográfico parecido al que plantea el libro. Esta lista está nutrida de referentes de lugares en Colombia y Latinoamérica, de música del Pacífico, de la Sierra.  “El asedio animal” está disponible en librerías, con una edición en pasta dura, parte de la nueva colección de Almadía.

Conócela

Vanessa Londoño (Colombia, 1985) es abogada por la Universidad de Rosario de Bogotá, y maestra en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York. Su trabajo ha sido publicado en medios como Revista Brando (Argentina), The Clinic (Chile), El Malpensante (Colombia), Vice (México), Americas Quarterly (EUA) y El Faro (El Salvador). En 2017 obtuvo el Premio Aura Estrada y el Premio Nuevas Plumas de la FIL Guadalajara.

“En Hukuméiji, poblado ubicado al norte de Colombia, cerca del río Don Diego y el mar Caribe, los personajes de las cuatro historias que integran esta novela son despojados de partes de su cuerpo -la lengua, las manos, las piernas, los ojos-, padecen la muerte de sus seres queridos, e incluso les han arrebatado la tierra o el cultivo; es decir, sufren la mutilación de distintas partes que los integran".