“La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan.
Si puedes recordarme, siempre estaré contigo”
Elizabeth Kübler Ross
La relectura del maravilloso libro “La Rueda de la Vida” de la Psiquiatra suiza Elizabeth Kübler Ross fallecida en el 2004, (fue una de las fundadoras de la Tanatología moderna, quien diseñó las etapas del duelo posteriormente al fallecimiento de un ser querido, consistentes en la negación, la ira, la depresión, la negociación y la aceptación), me puso a reflexionar con cierta madurez en los dos grandes momentos de la vida: el nacer y el morir, y pienso que lo más emocionante de ello es el intervalo, la vida misma. Ambos momentos, el inicio y el final son verdaderamente involuntarios y donde si decidimos que será de nuestra vida es en el intervalo. Nos señala puntualmente Kübler Ross: “La muerte es una experiencia que nos enseña a valorar la vida”. Y además asevera: “La muerte no es el mayor misterio de la vida. El mayor misterio de la vida es lo que sucede antes de la muerte”. Es decir, el pensamiento de esta gran psiquiatra nos ofrece una esperanza maravillosa, al honrar la vida de los que se fueron, pero, sobre todo a honrar, admirar y valorar la vida de lo que aún están presentes, es decir, lo que están o estamos viviendo en el intervalo. Pero ese reconocimiento o valoración, dependerá de la calidad de vida que tuvieron o estamos teniendo los compañeros del viaje existencial.
No dejo de pensar que frecuentemente cómo el entorno, la sociedad, los seres que nos rodean pueden influir en lo que somos o en lo que seremos. Pero me puse a cavilar: ¿porque en el mismo entorno, hay personas que estando en similares condiciones, funcionan o tienen resultados diferentes? Cavilemos por un momento en un ambiente hostil de un país socialista o en una asquerosa dictadura: cómo hay personas que logran sacudirse el yugo y otras persisten atados a la desgracia del control del estado. Porque hay personas que habitan en la miseria y algunas de ellas emergen hacia el éxito y la prosperidad, mientras que otras se quedan en el mismo entorno destructor.
La diferencia estriba en las decisiones que tomamos, a partir de la información universal, técnica y ética con la que contamos, que claramente nos trasladan al mundo de la espiritualidad. Que importante es tener un acervo informativo amplio, profundo y conocer una experiencia, como esta, que estamos compartiendo con ustedes, y poder construir la vida, a sabiendas que hay imponderables y con frecuencia un entorno complicado; pero peor seria si no hacemos el esfuerzo de elaborar un plan de vida, construir una misión, tener un propósito existencial que nos brinde firmeza, sueños que alcanzar, tener osadía y audacia para lograrlo. Por ello, es preciso tener en cuenta que lo fundamental está en los aspectos espirituales, ya que bien sabemos que nuestro cuerpo es una simple coraza para transitar y nuestro espíritu, que es etéreo, ingrávido, el que navega en la inmaterialidad, es donde se alberga la verdadera esencia del vivir. Ah, nuestro cuerpo; recordar que solo somos forasteros de nuestra propia corporalidad, es decir, estamos de paso en nuestro propio cuerpo. Sin duda alguna, la espiritualidad es la que prevalece, la inmutable, va de la mano del legado, la que posterga el olvido. Pensemos solo por un momento en un personaje inmortal: Aristóteles. Evidentemente que su cuerpo ya no existe, se convirtió en polvo, pero su obra filosófica monumental, sus escritos, su pensamiento, es decir, su parte espiritual prevalece hasta el día de hoy.
La rueda de la vida, gran concepto, nos ilustra como el vivir es un evento brutalmente dinámico, es un subir y bajar; entonces la tranquilidad, la realización, el bienestar físico y emocional o la alegría, se obtienen cuando vives más tiempo en la parte alta de la ola y es menor la estancia en las profundidades del dolor, del sufrimiento, de la pobreza, de la irrelevancia, de la ignorancia, de la intrascendencia. El ser humano es el único ente vivo que está condenado a reflexionar, recapacitar, construir y elegir. Este concepto de la elección es de la mayor relevancia, porque estamos hablando del Valor de la Libertad. Es decir, tenemos ese enorme potencial de elección para poder edificar el espacio entre el nacer y el morir. Cuando reflexionamos y meditamos con profundidad, estamos dialogando a solas con uno mismo, y ahí podremos tener el valor de ser sinceros con nuestro ser y todo ello se llama elección y elegir, reitero, es simplemente estar frente al valor de la Libertad.
Cuando meditamos, curiosamente estamos en soledad desnudándonos frente a nosotros mismos. Es cuando deberíamos de formularnos la gran pregunta: ¿valió la pena lo que estoy haciendo o lo que hice? ¿en esta rueda de la vida, he estado más tiempo arriba que abajo? Finalmente, la vida siempre será cuestión de porcentajes, de las cosas buenas que hicimos, de los logros obtenidos, entre los fracasos y decepciones, tiempos perdidos y lamentaciones. Luchemos con determinación, porque siempre será mejor culminar la vida con un propósito, con familia comprometida, con amigos verdaderos, con logros finales, porque a pesar de contar con todo ello, terminaremos gran parte de nuestra presencia final, en soledad mayúscula. No es igual llorar rodeado de éxitos, prosperidad, satisfacciones, que llorar solo, en un lavadero. Todo lo comentado está en el contexto de comprender la rueda de la vida y estar atentos a ello, para luchar y estar frecuentemente en la parte alta de la montaña de la vida y tener menor presencia en el valle de la mediocridad
Cerremos con este concepto sensacional de Kübler Ross: “Es muy importante que solo hagas lo que te apasiona. Puede que seas pobre, que pases hambre, que pierdas tus bienes, que tengas que mudarte a un lugar miserable, pero vivirás plenamente. Y al final de tus días, agradecerás a la vida por haber cumplido tu propósito. De lo contrario, vivirás como una prostituta, harás las cosas solo por complacer a los demás, y nunca habrás vivido de verdad. Y no tendrás una muerte digna”.
Querido amigo, así es la rueda de la vida, pero de ti depende en donde quieres estar, pero, sobre todo, como quieres culminar la vida. ¿en la cumbre, en la cima o en el valle de la mediocridad?
