Pasar al contenido principal

Un viaje al pasado… a través del espejo retrovisor musical

Una persona explora una colección de música antigua, evocando un viaje nostálgico al pasado a través de un retrovisor musical.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Iba tranquila, manejando hacia el trabajo, cuando de pronto sentí esa necesidad básica: poner música y no escuchar por hoy el noticiero. Me metí a mi aplicación, empecé a buscar y, de repente, me topé con unas playlist que tenía guardadas. “¿Qué habrá por aquí?”, pensé, y decidí echar un vistazo a lo que antes  escuchaba.

Cuando sonó la primera canción, mi estado de ánimo del día y lo que salía por la bocina hicieron match… pero para mal. Resulta que mis gustos musicales de hace algunos ayeres tenían una energía más bien  nostálgica ochentera y con un nivel de melancolía que daba para escribir una telenovela. Intenté cambiar de canción, pero la siguiente era igual de triste y la otra también. Ahí caí en cuenta: toda la playlist era una declaración de principios… de desamor.

Me quedé pensando: “¿Qué me pasaba en esa época?”. No tardé en recordar a quién iban dedicadas esas canciones, y de pronto,  me solté a reír. Me dio hasta gusto viajar sola, así me ahorré las burlas y las mejillas coloradas por recordar lo dolida que andaba en aquel entonces y a causa de quien.

Le di “siguiente”, y apareció otra lista: valses. ¡Ah, claro! De cuando estaba planeando los XV años de mi hija. Tenía una larga colección de temas que escuchaba en mis ratos libres, imaginándola bailando su vals, buscando la canción inolvidable para ese día tan especial. Y sí, recordé lo emocionada que estaba en aquel entonces.

Ya en modo nostalgia sin frenos, me fui a la siguiente playlist y otra vez solté la carcajada: eran temas infantiles: Cri-Cri y Plim Plim, letras que me aprendía para llegar a casa y hacer la teatralización completa para mi hijo pequeño. Lo hacía reír sin parar, de modo que  me pedía una y otra vez repetir la función hasta que  yo rogaba por un descanso y  porque fijara su atención en otra cosa  para que me diera tregua.

El recorrido termina y estaciono el vehículo que hizo las veces de cápsula del tiempo pensando que, sin habérmelo propuesto, el trayecto al trabajo se convirtió en un viaje por episodios de mi vida que despertaron emociones que sólo requirieron un estímulo para emerger y que, al final, terminé compartiendo con ustedes, gentiles lectores.

[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.