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EL LECTOR FURTIVO: Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para el capitalismo

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

 

El 21 de julio de 1969, el mundo se detuvo en seco para observar cómo los intrépidos Neil Armstrong y Buzz Aldrin, se convertían en los primeros seres humanos en pisar la superficie lunar. Un hito histórico sin duda, pero ¿cuál fue el costo de esta hazaña? ¿Acaso este salto espacial no fue más que un truco para superar la propaganda del comunismo ruso?

La carrera espacial fue más que una simple competencia de egos. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrascaron en una temeraria rivalidad para erigirse en el mundo como la mayor potencia mundial, interviniendo por la fuerza en distintos países y amenazándose el uno al otro con su arsenal nuclear. A estas hostilidades digamos, de “baja intensidad”, se le conoce como Guerra Fría y la conquista del espacio no estaba al margen de esta.

Así que la aventura lunar no surgió de un repentino amor por la ciencia de las estrellas, sino que fue un subproducto de la Guerra Fría: dos superpotencias compitiendo por ver, en principio quién tenía el "mejor" sistema político/económico —capitalista o comunista— dudas que se despejaron cuando, a finales de los ochenta, Gorbachov se comió su hamburguesa en el primer McDonald’s de Moscú.

Aunque las dos superpotencias habían iniciado una parejera por ver cual llegaría más lejos en la conquista del espacio, la verdad de las cosas, Estados Unidos no la tendría nada fácil. La Unión Soviética, con el primer satélite artificial que orbitó la tierra —Sputnik 1— y el primer cosmonauta de la historia —Yuri Gagarin— había tomado la delantera en esta carrera espacial, dejando a los estadounidenses como provincianos. Sin embargo, el patriotismo capitalista no podía quedarse de brazos cruzados y solamente ver cómo los comunistas rusos les comían el mandado.

Y así nació el programa Apolo, una iniciativa espacial financiada con una cantidad obscena de dinero. El objetivo era claro: alunizar antes que los rusos y hacer de esto un golpe propagandístico sin precedentes, y ¡vaya que lo lograron!

El 16 de julio de 1969, la nave Apolo 11 despegó desde Cabo Cañaveral, llevando consigo a los tres astronautas que serían los protagonistas de este hecho histórico: Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins.

Tras cuatro días de viaje espacial, el 20 de julio, el módulo Eagle tocó la superficie lunar, y unas horas más tarde, en la madrugada del día 21, Armstrong pronunció la frase que pasaría a la historia: "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad". Eso dijo cuando bajó junto con Aldrin a realizar la primera caminata lunar de la historia, mientras Collins ponía a enfriar la champaña en el módulo de mando “Columbia”.

Por otro lado, en la tierra se gestaba una hazaña paralela; las imágenes del alunizaje fueron transmitidas en vivo a todo el mundo, y millones de personas atestiguaron con asombro este momento histórico, un espectáculo sin precedentes, digno de Hollywood. De hecho, quienes cuestionan la veracidad de este alunizaje, argumentan que este nunca se llevó a cabo y que todo fue una superproducción del gobierno estadounidense. 

Es importante recordar que este triunfo tuvo un alto costo. El programa Apolo supuso un gasto económico descomunal que pudo haberse utilizado para solucionar problemas más urgentes en la Tierra, como el hambre y esas cosas; en fin, un logro tecnológico que mostró, antes que otra cosa, los alcances de la ambición humana.

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