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CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO; Psicoanálisis, política y ciudadanía

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Daniela Clarisa Concha León

 

Mi nacimiento en el Psicoanálisis

 

El mes pasado recordamos el nacimiento de Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, cuyo legado de conocimiento nos recuerda su vigencia a cada momento de la cotidianidad. La forma en que los integrantes del círculo de estudio "Psicoanálisis, política y ciudadanía" decidimos festejarlo, fue narrar nuestro propio nacimiento dentro del Psicoanálisis. Mis colegas han mostrado parte de su recorrido hacia este camino y hoy pretendo seguirlos.

Recuerdo mis años de confusión, propios de la juventud, donde los anhelos se mezclaban con la fantasía; sin embargo, temprano descubrí que para conseguir las cosas se requería de algo, y era ese “algo” lo que no lograba definir. Decidí acercarme a la Psicología, rama que consideraba interesante, pero que no ocupaba un lugar privilegiado en mis elecciones de carrera, algo que cambió con el paso del tiempo. 

Ya como estudiante de esta área empecé a escuchar lo importante que era tener atención psicológica. Eso me pareció curioso, pues consideraba que si los profesionales de la salud mental poseían el poder y claridad para ayudar a sus pacientes, era porque también tenían el control de sus vidas.

Hartazgo 

Fue así como inició mi recorrido con psicólogos que iban desde el corte cognitivo conductual, hasta la terapia ericksoniana, pasando por los humanistas; incluso tuve una visita a Psiquiatría. Todo eso me generó un cansancio que se volvió decepción, pues obtenía actividades, diagnósticos  y medicaciones que lejos estaban de ayudarme, pues al parecer mis terapeutas querían corroborar conmigo hipótesis que yo sentía genéricas y nada tenían que ver con lo que yo les relataba, por eso no me parecía extraño que alguno de ellos incluso olvidara mi nombre o mi caso.

Por momentos pensé en renunciar al área, pues no estaba dispuesta a atender pacientes sin subsanar antes mi presunta fragilidad.

Encuentro y decisión 

Decidí entonces acercarme a una compañera de carrera a quien, desde aquel día, le guardo una gran estima. Le pregunté si me recomendaba a alguien; mi última moneda ya estaba en el aire cuando dijo: “Sí, hay un psicoanalista”. Esas palabras causaron en mí la misma sensación que morder hielo con dientes sensibles, pues de esta rama sólo había escuchado malos comentarios, ironías y rechazo por parte de algunos de mis profesores. 

Recuerdo haber guardado un largo silencio y romperlo con un “¿Estás segura?” y al recibir un contundente “Sí”, decidí concertar mi primera sesión.

Me propuse ir sólo un mes, pues creí que no podría ayudarme. Han pasado casi seis años desde entonces, pues no solo empecé a ver los beneficios de tener un buen análisis, también inicié mi formación como psicoanalista dentro de un grupo consolidado. Ahí me percaté de que los analistas formadores, dentro de su particularidad, lejos estaban de ser ese personaje frío y distante que pintaban las caricaturas; tampoco compartían el mismo sitio de aquellos ejecutantes que llevan a sus pacientes a vivir emociones casi psicóticas.

Me atrevo a aseverar lo anterior, pues mi desconfianza y cautela me llevaron a ser muy observadora en este campo. Después de mis anteriores experiencias con la comunidad psicológica, no era posible que la moneda, que aún no caía, lo hiciera en una desconocida grieta. 

Fue de esa forma como el Psicoanálisis llegó a mí, o yo a él, no logro descifrar cuál fue el orden, pero sí que me ha dado los beneficios necesarios para no ser sólo una observadora de mi vida anímica.

¿Quieres saber más? ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Pide informes a los teléfonos 951 507 5550 / 951 132 85 34

[email protected]

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