Alejandro José Ortiz Sampablo
Primera de tres partes
Al escribir la presente nota acudió a mi pensamiento la manera en que los mexicanos, en específico los oaxaqueños, adoptamos ciertas expresiones, las convertimos en etiquetas y, desde ahí, juzgamos, resolvemos o nos adaptamos a las circunstancias. Seguramente esto sucede en algunas otras partes del mundo, pero en este caso, además, vivo en esta ciudad de Oaxaca, y lo que he descrito lo he observado en la vida cotidiana y en la atención psicoanalítica.
Una forma de la denegación
Una frase que se volvió común decir ante ciertas circunstancias es la de “¿Pero, qué necesidad…?” Eventualmente se les escucha a padres, tíos, abuelos, a personas adultas en determinados entornos, por lo general cuando pretenden mortificar a un chico o chica por su actuar. Vale la pena detenernos a analizar dicha frase, en conjunto con las circunstancias en las que se dice, pues al hacerlo obtendríamos algunas respuestas del cómo nacen los padecimientos de la que llamaron “generación de cristal”.
Esta es una de las expresiones que, paradójicamente, ha servido para que aquellos que no pertenecemos a ella, principalmente muchos padres, neguemos nuestra participación en lo que resultó la educación y formación para la vida que les brindamos a dichos jóvenes.
La frase mencionada puede tener varios agregados según la circunstancia. En el caso que nos ocupa, la circunscribiré a cuando el o la joven intenta realizar alguna actividad; esta puede ser deportiva, de estudio, profesional o laboral; donde las complicaciones derivadas de ello llegan a perturbar a la familia, en específico a algunos de los padres.
¿Pero, qué necesidad tienes de estar saliendo a esta hora? ¿o de estar entre la lluvia? También puede tener el tono de queja: ¿pero, qué necesidad tengo de estar viniendo por ti? ¿o de estarme desmañanando? ¿o de estar horas en el tráfico?, por mencionar las más comunes.
El terror, otra manera de negar
Dibujaré una situación donde el o la joven deciden aceptar un empleo —o emprender— y su lugar de trabajo queda retirado de donde viven o salen de laborar por la noche. Si por otro lado, la preocupación de los padres es intensa, estos terminan por llevarlos, recogerlos o ambas cosas, lo que en corto tiempo se vuelve un problema. Es ahí donde la frase mencionada viene como anillo al dedo. La frase estará para los padres plenamente justificada por distintas circunstancias, desde la situación económica hasta la inseguridad que, dirán, prevalece en el estado, pero creo que esto último valdría la pena meditarlo concienzudamente, porque ha resultado, como se decía de antaño, el petate del muerto. En otras palabras, una política del terror.
Continuará el próximo lunes…
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