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CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO; Mi hijo y un diagnóstico apresurado

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Claudia Sofía Méndez Morales

 

Cuando me dijeron en ese entonces que mi hijo debía saber leer y escribir para su ingreso a la primaria, empeoró la angustia que inició semanas atrás, en una reunión de fin de curso con la maestra de mi hijo y el psicólogo del kínder.

Entonces vinieron a mí ideas negativas sobre el futuro de mi hijo: “¿En qué momento lo descuidé, y no apliqué la disciplina necesaria para resolver sus problemas? ¿Podrían verse truncados sus estudios algún día?” Entonces me respondí: “me confié al pensar que a mi hijo le gustaría la escuela, ya que lo veía disfrutar de ver libros de anfibios —la cecilia era su favorito—. Le gustaba recolectar moscas, porque se complacía al observarlas, pero aborrecía estar sentado en un pupitre, tomar el lápiz y hacer algunos trazos”.

Comentarios de la maestra

La maestra me dijo: “a su hijo no le gusta socializar con los demás niños, prefiere observar los árboles, escarbar la tierra, recolectar hierba que crece en los pocos espacios verdes que tiene nuestro centro escolar, mata las moscas y hace preguntas como: '¿La podemos abrir, para ver qué tiene adentro?' Esto habla de un interés, lo que es bueno, sin embargo no le gusta escribir. Por ahora, el reto es lograr que se concentre en actividades más importantes”. 

Comentarios del psicólogo 

“Puede ser un Síndrome Asperger”, mencionó el psicólogo del kínder, “aunque a sus 5 años aún no es confiable el diagnóstico definitivo. No pone suficiente atención, la amistad con Matías, un niño con Autismo, nos pone en alerta, ya que no es común que un niño se interese por jugar con un niño con autismo”.

El susto y los recuerdos

—¿Un síndrome?— dije atemorizada.

—No se asuste señora— respondió el psicólogo —aún no estoy seguro que así sea. No es nada malo. Espere a que cumpla 6 años para llevarlo a un neurólogo, un psicólogo infantil o un psiquiatra.

Recordé mis vivencias infantiles, temí que mi hijo pudiera repetirlas y que llegara a tener un futuro inesperado. Un día, cuando mi hijo estaba viendo todos sus animales, le dije: “tenemos que hacer unas planas de cecilias" e hizo una plana de lo que para los demás es la S; terminó muy rápido y continuó dibujando más grafismos que se asemejaban a sus animales preferidos; así continúe con más ejercicios de grafología.

Después, para mejorar su atención y memoria, comencé a leerle cuentos, adivinanzas y poemas.

El primer día de escuela ya sabía escribir su nombre y algunas palabras. Por curiosidad me acerqué a otra madre de familia y le pregunté:

—¿Su hijo ya sabe leer y escribir? 

—No— respondió muy relajada—. Por eso lo traigo a la escuela.

Regresé asombrada de cuánto me atemorizó un diagnóstico apresurado y sin fundamento, al grado de llegar a paralizarme. 
Ahora, mi hijo Ángel está a punto de ingresar a la secundaria. Continúa con su interés por los animales marinos y ahora también por las chicas. Vuelvo a recordar esa etapa que me hizo reconocer que la fantasía atrapa a la realidad.

Cuando los diagnósticos te atemoricen, deslinda la fantasía de tu historia de lo que le sucede a tu hijo. Hazte escuchar por un psicoanalista.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/ 951 132 85 34 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Síguenos en Facebook: Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C.-INEIP.

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