Un mal que ronda en casa | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

Un mal que ronda en casa

Aleyda Ríos

Alejandro José Ortiz Sampablo: Cuarta de cinco partes

Respuestas como las que dieron los jóvenes a sus respectivas madres pueden encontrar diversas explicaciones, más aún cuando no tenemos el contexto o los antecedentes de cada situación en particular. Es común escuchar expresiones como “así son los jóvenes”, “estas generaciones ya no respetan a sus mayores”, “así los educan ahora”.

Tres fenómenos, tres fuerzas de oposición

Resolver el problema que se encuentra en las profundidades de dichas expresiones, requerirá un arduo trabajo, donde nos toparemos con tres fenómenos sociales que aportarán a lo psíquico fuerzas de oposición.

El primero, es el de la popularización de dichas expresiones en sus distintos matices, lo que a la entidad psíquica llamada Yo, le permite confundirse, mimetizarse entre todos aquellos que adolecen de lo mismo. Esto hace que el peso de sus actos no le caiga plenamente, pues finalmente la culpa es compartida. Es el típico caso de “si el otro lo hace, ¿por qué yo no?”. Por otro lado, si ponemos atención, varias de estas expresiones ponen de relieve, de manera implícita, que son los mismos jóvenes la causalidad de sus conductas, o que es un problema generacional.

Al ser repetida esta idea de forma asidua, el Yo encuentra en ella la oportunidad de expulsar hacia el mundo exterior lo que le pertenece, en este caso, la participación que él tiene en el problema.

Ridículo

El otro fenómeno que refuerza lo anterior es lo cómico. Aunque llevar al chiste situaciones cotidianas -de las que habitualmente no nos percatamos- permiten al Yo tomar conciencia de ellas, esto no siempre da por resultado algo positivo -por decirlo de alguna manera-, pues dicho beneficio puede también diluirse en la banalidad.

Situaciones como las mencionadas en la nota anterior, son tema de muchos profesionales de la comedia conocidos como standuperos, entre quienes los más famosos y talentosos cuentan con miles de seguidores, llenan grandes auditorios y sus videos cuentan con millones de visualizaciones. Lo menciono porque esto pone sobre la mesa de que el hecho de que un mensaje llegue a millones de personas, no necesariamente implica que se produzca un cambio en el receptor.

La habilidad e ingenio con el que realizan sus rutinas estos comediantes son capaces de arrancar la risa a cualquiera; no dudo de que muchos quienes ven sus videos tomen conciencia del fenómeno que abordo en estas notas, sin embargo, el hecho de devastarlo a tal punto, de llevarlo a lo ridículo, para provocar risa, impide a la entidad psíquica, llamado Yo, dar el siguiente paso: tomar conciencia de su participación en lo que sucede, en este caso en la relación con su o sus hijos. En este mismo lugar podemos colocar la inmensa cantidad de videos cortos que circulan en las diversas redes sociales, siendo los más populares lo de Tik Tok.

Es el chiste lo que muchas veces permite al Yo ejecutar aquellas mociones de deseo que empujan por manifestarse, sin que estas le produzcan angustia, pero cuando esta entidad psíquica se sirve del chiste para esconderse, estaríamos hablando de una especie de cinismo inconsciente, donde puedo reírme de la ridiculización de mis actos, pensando que me río del otro.

Continuará el lunes…

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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