De la moral al ocultamiento; uno de tantos discursos | NVI Noticias Pasar al contenido principal
x
Foto(s): Cortesía

De la moral al ocultamiento; uno de tantos discursos

Aleyda Ríos

En la nota que inicia esta serie, mencioné que discursos como el que se transmite en el video “Lo que deberías quitar para que todo mejore” son un riesgo. Esta expresión puede leerse injusta para la autora, pues he de suponer que los consejos de Tamara Chubarovsky tienen las mejores intenciones, y varios de ellos habremos de considerarlos de mucha valía, pero por otro lado, el mismo discurso, al partir de valores sobre entendidos como: el eje, la esencia, los dones y talentos del niño, el propósito de vida y la conexión con uno mismo, por citar algunos de los que menciona la experta, solo causan alarma en el receptor, descuidando de esta manera el origen del problema.

El retorno a lo primario

En el párrafo final de la nota anterior mencioné que es en las pantallas digitales donde los individuos encuentran aquello que, como el mito nos narra, le sucede a Narciso cuando se ahoga con su propia imagen, en otras palabras, es gracias a que el individuo se encuentra consigo mismo, que termina ahogándose en las pantallas. Habría que aclarar que este “uno mismo” no es el “uno mismo” del que habla Chubarovsky, pues ella parte de una idea moral, mientras que el “uno mismo” que los individuos encuentran en las pantallas es un “uno mismo” ideal, sea este el que la entidad psíquica llamada Yo cree ser, o pretende alcanzar.

Por otro lado, la actitud que los individuos adoptan con las pantallas es similar a la de Narciso, quien pierde el interés por el mundo exterior. Si por algún motivo, la mínima onda del agua perturba su imagen o el éxtasis que se alcanza a través de las pantallas, al sujeto -ya sea niño o adulto- le sobreviene la angustia o la ira. Este fenómeno pone de relieve, que a la entidad psíquica llamada Yo, solo es de su interés aquello que le proporciona montos de placer o experiencias como las de Narciso. Si esta tendencia existe en los individuos, ¿cómo se explicaría las otras conductas, donde él pareciera privilegia a los otros y no su propio placer o bienestar?

La propia imagen, otro conflicto

Por regla general cuando pretendemos explicar un fenómeno humano, lo hacemos con las herramientas que tenemos a nuestro alcance, empero, muchas veces no son las más adecuadas. Para responder a la pregunta del párrafo anterior, es importante tomar en cuenta los principios que nos brinda la biología, los cuales aluden a la autoconservación y, de igual forma, tomar nota de lo que nos dice la historia de la humanidad al respecto de aquello a lo que el ser humano tuvo que renunciar para que surgieran las primeras civilizaciones. La mayoría de esas renuncias tienen que ver con la ganancia de placer que se alcanza siguiendo los impulsos que pudiéramos llamar, primitivos.

Esos impulsos primitivos aún hoy permanecen en nosotros, pues al ser los primeros, son constitutivos de la vida anímica y chocan fuertemente con el mandato de la cultura, es por esto que cualquier instrucción que pretenda coartarlos, es experimentada por el individuo como una imposición arbitraria y autoritaria. La herida que deja esta vivencia es la que lleva al Yo adulto a no ejecutar las acciones adecuadas para llevar al hijo a mediar entre esas exigencias pulsionales y las del mundo exterior (cultura). Si a ello agregamos que dichas acciones deben ser ejecutadas sobre alguien que llega incluso a representar su propia imagen (el hijo), las cosas se vuelven más complicadas.

Vivimos en la era digital, caracterizada por la creciente virtualidad dentro de la cual el Yo se desenvuelve con comodidad, debido a que es muy similar a lo que siempre ha vivido. Esto requiere mayor explicación, la cual elucidaré en la siguiente serie; lo que tomaré de pretexto para dar algunos consejos acerca de la formación de los nuevos ciudadanos del mundo.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

[email protected]