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Foto(s): Cortesía

Consultorio del Alma, cuenta conmigo: Psicología Forense y Psicoanálisis

Luis Ángel Márquez

Gloria Cruz González

 

“Cuando mis padres decidieron divorciarse me dijeron: 'vamos a regalar al gato'. Cuando llegué de la escuela ya no estaba, lloré mucho y por días, era mi mascota. Mi madre solo dijo que después tendría otra”. Esa anécdota la escuche de una niña cuyos padres se encuentran en proceso de divorcio y acuden a un juzgado familiar para dar solución a sus conflictos.

En el juzgado

Cuando una pareja decide divorciarse, son pocas las que lo hacen de común acuerdo o llegan ya con un convenio establecido sobre la custodia de los hijos, el derecho de visitas y convivencias con el padre o madre que no tenga la custodia, además del modo en que se subsanarán las necesidades económicas de los infantes. En su mayoría, son parejas que tienen conflictos que no ha podido resolver, los hijos son uno de ellos. Muchas veces he notado una lucha encarnizada por tener la custodia legal de ellos; cada uno expone sus motivos, generalmente descalificando las habilidades parentales de la pareja; en otras llegan a acusarse de negligencia, abuso sexual o bien del famoso término “alienación parental”.

Cada uno escogerá al mejor de los abogados para defender su postura y demostrar que es el más competente para quedarse al cuidado del menor, lo cual dicho sea de paso traerá costos económicos, de tiempo y desgaste emocional para los que intervienen en dicho proceso.

La función del juzgador es allegarse de todos los elementos necesarios para determinar qué es lo mejor para el menor involucrado en el litigio; para eso hará uso de variados elementos, entre ellos la expertis del psicólogo forense, quien, de acuerdo al caso y al nivel de intervención que tenga, aportará elementos al juzgador para auxiliarlo en la toma de decisiones.

Los conflictos de los padres

Los padres, debido a lo álgido de sus conflictos, poco les importa las afectaciones que este proceso pueda acarrear a los menores; se centran en ganar  la batalla, porque no solo está en juego quién se quedará con los hijos, sino también se convierte en una lucha de poderes, manifestaciones de odio, frustración, dolor y demás sentimientos que desencadena una ruptura amorosa; sentimientos que además se van a engarzar con la propia historia de vida, cosmovisión del mundo y conflictos psíquicos de cada uno de los padres.  

Es casi seguro que los padres de la menor que me narró la anécdota con la que inicié este texto, hayan pasado desapercibido o minimizado el dolor que implicó para ella el que su mascota haya “desaparecido”. Como primer acto después la noticia del divorcio, este evento fue, por decirlo, así el inicio de varios daños colaterales que tendrá la separación de los padres.

¿Y los hijos?

En la mayoría de las entrevistas que he realizado a los menores, su anhelo es que los padres se mantengan juntos, por lo tanto la separación ya en sí es dolorosa para ellos; aunado a eso, quedan atrapados en los conflictos de los padres. Pronto tendrán que tomar postura ante la situación, esta va a depender de su edad, de sus procesos de madurez cognitiva y sobre todo de la postura psíquica que tenga hacia los padres. A pesar de las intervenciones psicológicas que se realicen, es común que en ellos quede el sentimiento de culpa al hablar con un juez, dar su opinión y mostrar su postura.

Estos son algunos de los temas que abordaremos en el curso "Las funciones del psicólogo forense en el ámbito familiar", el cual se llevará a cabo el próximo viernes 29 de abril a las cinco de la tarde.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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