Alejandro José Ortiz Sampablo
Nuevamente agradezco a las y los lectores que están pendientes de las notas que publicamos en este querido diario, pues el lunes pasado en esta sección atendí un tema de importancia para el INEIP, ya que iniciamos la campaña de recaudación de fondos económicos para seguir brindando de manera gratuita la atención psicoanalítica a niñas y niños en situación de vulnerabilidad.
Un choque que hiere al Yo
Para quienes nos dedicamos al noble campo de la investigación del alma, es conocida la aversión que algunas personas le profesan al psicoanálisis, también es sabido que en algunos casos tal aversión nació por algún trago amargo con algún psicoanalista. En este punto es importante mencionar, que tener tragos amargos durante el tratamiento psicoanalítico es una experiencia conocida para el paciente, pues desde el inicio, el tratamiento se ve enfrentado a la tarea de instar al paciente a que renuncie a una ganancia de placer fácil e inmediata. El enfrentamiento entre el trabajo psicoanalítico y esta tendencia psíquica se comprende mucho mejor si menciono el resultado que arroja este método de investigación, el psicoanálisis: que es tal tendencia la que lleva a enfermar o padecer al neurótico.
Ahora bien, no siempre aquel que se dice psicoanalista ha transitado por una formación, pues hoy abundan diplomados y maestrías en psicoanálisis con distintas vertientes, y el vicio que han generado dentro del campo es que muchas personas, al poco tiempo de egresar se nombran a sí mismas como psicoanalistas. Lo que eventualmente las lleva a realizar una mala ejecución del método terapéutico, ya no se diga de la otra vertiente del psicoanálisis, a la que Freud llamó, científica.
¿Engaño del Yo?
El problema para el paciente que se acerca en busca de resolver aquello que lo aqueja con quien se coloca en el lugar del psicoanalista, es que desconoce la diferencia entre quien transita por la formación o es egresado de una maestría, siendo este último un desconocedor del por qué no se puede nombrar psicoanalista. Ahora bien, es posible que algunas personas que lean la presente nota se sientan aludidas, y justificarán que por ello en sus tarjetas de presentación solo ponen acento en que lo que ofrecen es terapia con orientación psicoanalítica, y a lo mejor reparen en que efectivamente, cursar una maestría en psicoanálisis o algún diplomado no los hace psicoanalistas, que incluso quienes los imparten se los mencionan. Pero con ello sólo demostrarían su ignorancia de las funciones de la entidad psíquica llamada Yo. Lo cual corroboraría que en sus clases no les lograron transmitir algo fundamental de la teoría freudiana. Más adelante explicaré esto.
Lamento el tono que llevo hasta este punto de lo escrito, pero no he encontrado expresiones gentiles para quien le hace daño al psicoanálisis, no con una intención explícita, pues estas personas que aludo se acercan al psicoanálisis con una intención benevolente, pero muchas veces la cobardía, el cinismo y la resistencia a realizar un pequeño cambio en su disposición psíquica los lleva a la ignorancia.
Continuará el próximo lunes…
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No siempre aquel que se dice psicoanalista ha transitado por una formación, pues hoy abundan diplomados y maestrías en psicoanálisis con distintas vertientes.
