ÁNGELES Y PALABRAS: Las enseñanzas angelicales | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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Foto(s): Cortesía

ÁNGELES Y PALABRAS: Las enseñanzas angelicales

Luis Ángel Márquez

Isela Sedano

 

Ante cualquier suceso de la vida cotidiana, los ángeles nos enfrentan a nosotros mismos y a nuestros conceptos de fe, confianza, luz y amor.

La noción de armonía y felicidad se trabaja y se pone en práctica, sobre todo cuando las cosas van mal o algo no funciona como quisiéramos. En ese momento, el ángel nos pregunta: ¿están en el camino correcto y en buena posición? ¿son justos en lo que hacen o en lo que viven?

Si no encontramos la respuesta, los ángeles nos piden que dejemos fluir en nosotros las fuerzas y las energías que llegan, que sigamos la corriente de las cosas que nos rodean, que esperemos y sobre todo que confiemos, tengamos fe, seamos receptivos a los sucesos, las palabras y los actos. Ellos nos indican qué caminos seguir.

La vida es movimiento. Nada pertenece estático. Lo que es bueno hoy, tal vez ya no lo sea mañana. Tenemos que aceptarlo y no encapricharnos o cristalizar una situación pensando que tenemos la razón. Quizá la tenemos hoy, pero al día siguiente, todo es diferente. No tenemos todos los datos e información que nos interesa a nosotros, a nuestro entorno y al mundo.

Tener fe y confianza nos lleva a tener un juicio, a una actitud y acciones más justas, de acuerdo a la percepción de lo que percibimos y presentimos; los ángeles nos ayudan a no permitir que nuestro entorno y la emoción de éste influyan en nosotros.

Nos ayudan a ser nosotros mismos, dueños de nuestras decisiones y de nuestros actos.

Los seres de luz nos enfrentan a la noción de felicidad. ¿Qué buscamos en nuestro interior? ¿Qué ideas de felicidad son nuestras? Nos piden que hagamos una introspección sobre estas nociones, que analicemos en nosotros dónde no hay amor y después veamos a nuestro alrededor dónde no hay felicidad; si no hay felicidad, es que en primer lugar falta la claridad y la luz.

Nuestro lazo con la Divinidad no es muy fuerte y la relación de amor que tenemos con nosotros mismos no está equilibrada.

Los ángeles nos piden entonces que iniciemos por el principio; que veamos nuestro cuerpo y observemos qué parte de él no amamos.

Nos piden que hagamos un inventario y nos dicen: “Dios los creó y los ama, ama su cuerpo, la conexión con la Divinidad y con su Dios creador; si no aman todo su cuerpo, no están en total correspondencia con Dios y la Divinidad; si no aman su cuerpo, no aman a Dios”.

Entonces nos piden que nos ocupemos de nuestro cuerpo, que lo vistamos, lo lavemos, lo embellezcamos, y sobre todo lo amemos; nos dan el deseo de estar bien en compañía de los demás y nos impulsan a ver a los demás de la misma manera, aceptando igualmente su cuerpo y que estén en un lugar y en un momento preciso con ese cuerpo.

Ellos permiten que actuemos celularmente, en todas las programaciones celulares que hemos acumulado al cabo de los siglos, ayudándonos a desprogramarlas; nos renueva, como si fuéramos un niño chiquito, y así descubrimos nuestra naturaleza profunda, más allá de las apariencias establecidas; entonces descubrimos en el nivel físico, la naturaleza profunda de nuestra alma.

Al hacerlo, comprobamos que podemos desaparecer cosas establecidas, dolores e incluso enfermedades. Entonces podemos reinar como maestros, en la inteligencia de Dios, en nuestro entorno.