Por el contrario a lo que podríamos pensar, el amor que experimentamos en la secundaria no es realmente nuestro primer amor. “Es más una atracción sexual, influenciada por nuestro despertar a la idea de reproducirnos”, explica Aguillón Solís.
Helen Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense, identifica tres rasgos importantes que nos ayudan a reconocer nuestro primer amor: atracción sexual, amor romántico y etapa de apego.
La atracción sexual es natural y muchas veces ocurre a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, el amor romántico surge cuando decidimos abrirnos íntimamente con alguien y comenzamos a sentir que nuestra vida ha cambiado. “Percibimos una especie de magia con esa persona. Es como si el mundo se volviera más maravilloso,” comenta Aguillón Solís. Este amor romántico activa nuestro sistema de recompensa, haciéndonos sentir placer y una gran necesidad de estar cerca de esa persona, pensar en ella constantemente, y mantener viva la relación a través de llamadas, mensajes y citas.
De acuerdo con varios estudios estar bajo los efectos de esta etapa de amor romántico dura alrededor de un año y medio, para posteriormente entrar a la etapa de apego y es en este último paso en el que se formaliza una relación que si bien, dura años, abrimos los ojos a un escenario realista, en el que no todo es perfección. Siendo aquí la etapa donde aceptamos a la otra persona tal y como es, creando una conexión profunda y significativa.
En nuestra memoria
“En la parte más profunda de nuestro cerebro encontramos el sistema límbico, que se encarga de nuestras emociones y es donde también nace el amor, el primer amor no solo da un nuevo sentido a nuestra vida, sino que también se queda en nuestra memoria y esto sucede debido a las altas emociones que nos proporciona. El hipocampo es una parte de nuestro cerebro que se encarga de las emociones y guarda estos momentos placenteros. Es similar a cómo recordamos el aroma de la comida que nos hacía nuestra mamá", explica Aguillón Solís. Esta intensa emocionalidad está ligada a las hormonas de la felicidad y la conexión: serotonina, dopamina y oxitocina.
El primer amor puede no ser el mejor
Como bien dice el tan famoso cantante, Juanes: “Quizá mañana cuando estemos viejos y se nos arrugue un poco el corazón, sabré querer mejor.” Y es que sí, con el tiempo y la experiencia, aprendemos a amar de formas más respetuosas y más maduras, diferentes.
Aunque el primer amor es un hermoso recuerdo, los amores posteriores pueden ser mucho mejores. “Nos hace reflexionar sobre lo que queremos para el futuro", señala Aguillón Solís.
El primer amor, si bien nos hizo manifestar muchas alegrías y aprendizajes, nos deja una marca profunda, nos enseña y prepara para los amores que pueden estar por venir en un futuro.
El primer amor si bien no siempre es color de rosa, es una experiencia única que nos va a transformar y dejará una huella imborrable en nuestro corazón y sobre todo en nuestra memoria.
