No se sabe por qué Vania nació con una cardiopatía congénita que detenía su crecimiento y ponía en riesgo su vida. Después de 15 meses de espera, el conducto arterioso de su corazón fue cerrado y su vida salvada.
Con ella suman apenas cinco infantes a quienes, durante el año, se les realiza esta cirugía de corazón en el Hospital de la Niñez Oaxaqueña doctor Guillermo Zárate Mijangos, donde antes de 2017 sumaban hasta 90 intervenciones anuales.
Embarazo de alto riesgo
Salvo las amenazas de aborto que la hicieron extremar cuidados durante su embarazo, Irasema Escamilla Rivera considera que no hubo problemas en el proceso de gestación de Vania.
Cuando Irasema tenía 19 años, se convirtió en madre de una niña que “llegó a término” y nació por parto natural en agosto de 2016. Ocho meses después, un cuadro de diarrea y fiebre les llevó a acudir al Hospital General de San Juan Bautista Tuxtepec.
Ahí internaron a la pequeña y, a través de estudios clínicos, le hicieron saber a Irasema y a su esposo, Luis Jacobo Fercano, que su hija tenía “un soplo en el corazón”.
A falta de especialistas en ese hospital de la región de la Cuenca, la canalizaron al Hospital de la Niñez, que se ubica en San Bartolo Coyotepec, donde determinaron que era necesaria una cirugía que no podían realizarle.
Le sugirieron acudir al Instituto de Cardiología Ignacio Chávez, en la Ciudad de México, y así lo hicieron en julio pasado, pero el nosocomio no les hacía válido el Seguro Popular del cual son beneficiarios por no ser derechohabientes del IMSS o el ISSSTE.
“Llegando allá yo tenía que dar 500 pesos para que me pudieran aceptar los papeles y una vez que ingresara tenía que pagar otros 600 pesos para que me la pudieran atender; cada que pasaba a consulta yo tenía que pagar”, recuerda.
La carencia de recursos impidieron que, por lo menos, pudieran acceder a una valoración que permitiera saber cuánto debían pagar por la operación, así que volvieron al Hospital de la Niñez, en espera de que en algún momento las cirugías se reiniciaran.
Buscar el conducto arterioso para cerrarlo. FOTO: Éric Díaz
Reactivan cirugías
El director del Hospital de la Niñez, Luis Aquino Santiago, reconoció que este tipo de cirugías para corazón “estaban detenidas por el tema financiero”.
En julio del año pasado la falta de insumos y material de curación llevó a trabajadores sindicales a detener la consulta externa alrededor de 40 días. La exdirectora, Rocío Arias Cruz, reconoció que se arrastraba un adeudo de cien millones de pesos.
Apenas hace unos meses, de julio a octubre, se realizaron tres cirugías cardíacas; en esta semana otras dos en pacientes lactantes, es decir, menores de tres años que nacen con alguna cardiopatía congénita.
Sólo cinco cirugías
El cardiólogo César Augusto Zárate Morales es más severo al analizar el desempeño del hospital en este año, pues llegan al onceavo mes y después de la quinta cirugía que sumaron en Vania, “no hay más programadas”.
Y de inmediato se remonta a antes del 2017: “Antes realizábamos de 80 o 90 cirugías al año, cuando inició este gobierno nos fuimos al hoyo, por falta de recursos, eso es lo que alegan. Antes se hacían en automático, ahora hay que pedir autorización y son escasas”.
Para él, esa disminución en el número de cirugía que durante 2017 se redujo a diez, provocó que el Hospital de la Niñez retrocediera 20 años, sobre todo que por lo “pequeña” que es, el cierre de conducto arterioso es una de las cirugías que se realizan con mayor frecuencia.
50 minutos en quirófano
Las manos del cirujano cardiovascular, Antonio Moreno Hidalgo, preparan el torso izquierdo de Vania, la anestesióloga Lucía Quevedo ha aplicado anestesia general.
La enfermera quirúrgica, Itandehui Cuevas, pasa el electrocauterio al cirujano, quien hace un corte de diez centímetros, primero sobre la piel de Vania, luego sigue en el tejido celular, músculos intercostales, hasta llegar a la pleura o pulmón.
La enfermera Adriana de la Cruz cuida los detalles en el quirófano, el cardiólogo César Augusto Zarate Morales cumple con la función de ayudante.
Entre ambos empiezan a abrir la pleura para empezar a exponer los vasos o arterias, encuentran la aorta, arteria principal y ahí empiezan a buscar el conducto arterioso.
Encontrarlo es rápido, “pero hay que exponerlo”, por eso “el abordaje” desde un costado del pequeño cuerpo de Vania, “para caer directamente en el sitio”.
La parte más larga del proceso es la disección, llegar al sitio; la más delicada es lograr la ligadura del conducto, pero a la vez, es la más rápida.
No hay ninguna complicación, antes de 50 minutos el cirujano Moreno cose los músculos intercostales, el tejido y la piel que separó. La cardiopatía congénita se ha corregido.
Problema de salud pública
Para el cirujano Moreno la persistencia de conducto arterioso es de las cardiopatías congénitas más comunes que se convirtieron en un problema de salud pública, pues impide a recién nacidos un crecimiento adecuado, que enfrenten con facilidad insuficiencia cardiaca o presenten infecciones respiratorias.
En vez de una cirugía de los vasos mayores del corazón se puede optar por un cateterismo, un procedimiento más costoso.
Si Luis ni Irasema podían costear una cirugía fuera del Hospital de la Niñez, pensar en el implante de un catéter en Vania implicaba un gasto todavía mayor para el cual están imposibilitados.
