La enamoró en Oaxaca, le dijo que vivirían juntos en la CDMX y quería prostituirla
Alicia ya no cree en los hombres ni en promesas. Su cuerpo turgente se ciñe a un vestido negro que destaca lo blanco de su piel. Sus ojos forasteros, negros, miran al vacío.
Acepta la entrevista para que las chicas no confíen en las palabras bonitas y seductoras, de personas sin alma, que pueden desgraciarles la vida.
LA CAZA