Agencias
Charles Edmund Cullen (nacido el 22 de febrero de 1960) es un asesino en serie estadounidense que confesó el asesinato de hasta 40 pacientes durante el curso de su carrera como enfermero en Nueva Jersey que duró 16 años. Sin embargo, en distintas entrevistas con la policía, psiquiatras y periodistas, hizo aparente que había asesinado a muchas personas más, de quienes no podía recordar sus nombres específicamente, pero si los detalles de los crímenes. Los expertos estiman que Cullen puede haber sido responsable de al menos unas 400 muertes, lo que lo convertiría en el asesino en serie más prolífico en la historia. Su número de víctimas confirmadas es de 29.
BiografíaCharles Cullen nació en West Orange, Nueva Jersey, en el seno de una familia católica Irlandesa y de clase trabajadora, como el último de 8 hijos. Su padre, Edmond, un chofer de ómnibus, tenía 56 años cuando Charles nació, y murió el 17 de septiembre de 1960 cuando Charles tenía solamente 7 meses de edad. Cullen describió su infancia como "miserable" y dijo haber sido constantemente maltratado por los novios de sus hermanas y sus compañeros de clase. Cuando tenía 9 años, cometió el primer intento de suicidio al beber químicos de un set de química. Tiempo después, mientras trabajaba como enfermero, contó haber fantaseado sobre robar drogas del hospital donde trabajaba y usarlas para quitarse la vida.
La madre de Cullen, Florence Cullen (Ward) murió en un accidente automovilístico el 6 de diciembre de 1977, a la edad de 60 años, cuando Charles cursaba su último año de secundaria. Charles recuerda la muerte de su madre como una experiencia "devastadora", y dice haber estado enfadado de que el hospital no quisiera entregarle el cuerpo de su madre, el cual fue cremado. El año siguiente, Charles dejó la secundaria y se enlistó en la Marina de los Estados Unidos, en donde sirvió a bordo del submarino USS Woodrow Wilson. Logró pasar con éxito el entrenamiento básico y los rigurosos exámenes psicológicos requeridos para unirse a la tripulación del submarino, quienes tenían pensado pasar más de 2 meses sumergidos.
Cullen escaló hasta el rango de contramaestre de segunda clase como parte del equipo que operaba los misiles Poseidón de la nave. A pesar de eso, no pudo amoldarse correctamente en la Marina y fue objeto de novatadas y humillación por parte de sus compañeros. Luego de un año de servicio, Cullen fue descubierto por su oficial contramaestre sentado en la sala de control de los misiles, vistiendo una máscara quirúrgica, guantes y delantal, en lugar de su uniforme. Cullen fue disciplinado por esto, pero nunca explicó claramente por qué estaba vestido de esa manera. La Marina tomó la decisión de reasignar a Cullen a un trabajo más aliviante en la nave de carga USS Canopus. Intentó suicidarse y fue comisionado al pabellón de psiquiatría de la Marina varias veces en los años subsecuentes.
Cullen recibió una baja médica de la Marina en 1984, por razones que no se conocieron. Poco tiempo después, se enroló en la Escuela de Enfermería de Mountainside, en Montclair, Nueva Jersey. Elegido presidente de su clase de Enfermería, se graduó en 1986 y comenzó a trabajar en la unidad de quemados en el Centro Médico de San Bernabé, en Livingston.
Durante este tiempo, conoció y contrajo matrimonio con Adrianne Baum. Su hija, Shauna, nació a finales de ese año. La esposa de Cullen se sentía cada vez más perturbada por su comportamiento inusual y los abusos a los que sometía a los perros de la familia.
Charles, como le decían sus conocidos, vivió dos décadas de su vida trabajando como enfermero, una profesión característica por el cuidado a los demás. Sin embargo, aquella no era una cualidad que Cullen compartía con sus colegas, mismos que posterior a varias situaciones, comenzaron a sospechar del comportamiento del hombre, que después de un tiempo se convirtió en uno de los asesinos seriales más prolíficos de Estados Unidos.
En la medianoche del 14 de diciembre del 2003, un extenso interrogatorio se producía en las esquinas de una oficina policial en Nueva Jersey, en ella, se encontraba Cullen.
“No quería que la gente me viera como esto, lo que soy”, declaró el hombre tras tardarse tanto en su confesión. “Soy un hombre, una persona en quien se confiaba y causó muchas muertes. Me odio por eso porque no creo que tenga el derecho, pero no puedo parar, no pude”.
Cullen había sido arrestado por un cargo de asesinato y otro de intento de asesinato a pacientes del Somerset Medical Center. Ambas acusaciones eran reconocidas como “formales” dos días antes de su detención e interrogatorio, pero siete horas después hicieron la diferencia para descubrir el rastro de vidas que lo perseguían.
El enfermero confesó haber cometido los crímenes de los que se le acusaban, sumando 40 más a la lista, mismos que ocurrieron en sus últimos 16 años de carrera.
Cronología de sobredosis por doquierSu primer asesinato ocurrió en 1988. Cullen administró una sobredosis letal de medicación intravenosa a un paciente que había sufrido una reacción alérgica a un fármaco. Sería el primero de un total de 11 homicidios que cometería en St. Barnabas, donde laboró hasta tiempo después, hasta 1992.
Con auras de sospechas en sus hombros, el enfermero ingresó a otro lugar, el Hospital Warren en Phillipsburg, también en Nueva Jersey. En él acabó con la vida de tres mujeres mayores con una sobredosis de digoxina.
Su esposa también fue víctima, aunque no acabó como sus anteriores objetivos, debido a violencia doméstica pidió el divorcio. En el proceso judicial que atravesaron describieron a Charles como un alcohólico muy agresivo que metía mascotas en bolsas y tachos de basura, vertía líquido para encendedor en las bebidas de otras personas y hacía bromas telefónicas a las funerarias. En su interrogatorio, contó que ese año volvieron los pensamientos suicidas.
Cullen comenzó a crear una estrategia, cada vez que sus empleadores sospechaban de él, el enfermero renunciaba y empezaba a trabajar en otro hospital. En cada uno de ellos encontraba nuevas víctimas, la mayoría de ellas fueron asesinadas debido a sobredosis de medicaciones pesadas, pero tenía una favorita y que repetía constantemente.
Para fines de los 90 la trayectoria de Charles empezaba llenarse de dudas. Sin embargo, debido a la escasez de enfermeros en Estados Unidos el asesino continuó consiguiendo trabajo. En el 99 aceptó un puesto en una unidad de quemados en un hospital de Allentown, Pensilvania, donde concretó otro homicidio más. Tiempo después, en Hospital St. Luke en Bethlehem, Pensilvania, en la unidad de cuidados cardíacos, asesinó a cinco pacientes a lo largo de sus tres años de trabajo.
El punto de freno a su cadena de homicidios fue en el 2002, cuando un colega descubrió frascos de medicamentos sin usar en un contenedor de basura, con ello pudo probar que había sido Cullen quien había robado las drogas, por lo que fue despedido en junio de ese mismo año.
Fueron siete los enfermeros que se reunieron con el fiscal del condado de Lehigh y declararon todo lo que sabían de Cullen. Sin embargo, las pruebas no eran suficientes para los investigadores, por lo que abandonaron el caso hasta siete meses después. Tiempo en el que sorpresivamente Charles volvió a conseguir trabajo en la misma área de salud.
Un año después los colegas de otro hospital aseguraron verlo entrar y salir de habitaciones que no le correspondían, además, descubrieron que solicitaba medicamentos sin receta.
En julio del 2003 el Sistema de Educación e Información sobre Envenenamientos de Nueva Jersey advirtió al Somerset Medical Center que al menos cuatro sobredosis sospechosas en su establecimiento podrían haber ocurrido por el accionar de un empleado. En los tres meses que demoró la investigación Cullen asesino a 5 personas más.
El hospital fue sancionado y Charles quedó bajo investigación posterior a ser despedido. En diciembre de ese año el homicida fue arrestado y confesó todo, alegó que deseaba “poner fin a su sufrimiento” y que incluso desconocía el número real de víctimas a las que mató. Las autoridades policiales aseguraron que podrían ser mucho más que las 40 declaradas.
El 2 de marzo del 2006 el enfermero fue sentenciado a once cadenas perpetuas consecutivas en Nueva Jersey, y además se lo consideró como inelegible para el beneficio de la libertad condicional durante 397 años, por lo que hasta el día de hoy permanece cumpliendo la sentencia en la prisión estatal de Nueva Jersey, en Trenton.
