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Pequeños productores de Oaxaca, guardianes del teocintle

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Unión Zapata, Mitla.-Onésimo Pérez es un guardián del teocintle, el antecedente primitivo del maíz que casi nadie cultiva porque cada vez menos campesinos entienden la importancia que tiene para la soberanía alimentaria.


Nació en una familia de productores y a los ocho años de edad, Onésimo ya acompañaba a su padre Celedonio Pérez a labrar un campo en su natal San Cristóbal Honduras, perteneciente al municipio de San Jerónimo Coatlán.


Ahí aprendió que el teocintle es una planta silvestre y primitiva “que dio de comer a los antepasados”, por ser el antecedente del maíz.


Cada año que participa en la Feria Estatal de la Agrodiversidad, conservación e intercambio de semillas; trae teocintle para comercializar. Un kilo lo ofrece a 300 pesos, pues recolectarlo significa todo un día de trabajo.


Sustituido por pasto


La siembra de pasto para el ganado ha hecho que su presencia en los cultivos de ese municipio del distrito de Miahuatlán, como en la mayoría del territorio oaxaqueño, se vaya perdiendo.


Sin proponérselo, pero con un respeto innato a la agricultura, Onésimo ha resguardado el cultivo del teocintle. En San Cristóbal es el único que recoge la semilla para regarla en las cinco hectáreas donde siembra siete variedades de maíz nativo, calabaza y frijol.


El amor por la actividad en el campo se asoma en las palabras que utiliza el hombre de 63 años para describir la función del teocintle en el crecimiento de la milpa.


“Cuando hay teocintle las plantas se ponen muy bonitas, es como si fuera el marido y el maíz la mujer, los mueve el viento y se poliniza, la milpa se vuelve más resistente al frío o al calor”, asegura.



En Oaxaca se encontraron las primeras semillas de maíz domesticadas por los humanos, hace varios miles de años.

El teocintle también puede usarse para forraje cuando la plata llega a los 40 centímetros, “la corto, vuelve a crecer y de ahí obtengo más”, dice con la certeza de no necesitar agroquímicos para producir sus tierras.


Sequía y olvido oficial


Con lo que no ha podido es con la sequía, como la que ocasionó en este ciclo la escasez de lluvia y la cual pudiera solucionar si tuviera más de 50 mil pesos para comprar diez mil metros de manguera de una pulgada que le sirva para llevar el agua del cerro a sus terrenos y dejar de depender del temporal.


Pensar en que el gobierno pueda financiar esa compra, es impensable, lo sabe bien porque en toda su vida no ha visto un solo apoyo de los gobiernos, sólo ha probado el olvido.


“Estamos como si fuéramos unos animales en el monte, salvajes, solos, que nadie nos ve, las autoridades no nos hacen caso, no nos apoyan, no envían técnicos para aprender a preparar abono o insecticidas orgánicos, pero nadie llega”.


Tiene conciencia que comprar insecticidas, herbicidas o cualquier otro agroquímico hace daño a la tierra, “la matamos más; necesitamos que nos enseñen a prepararlo, no a comprar”.


Ángel García Martínez es otro pequeño productor que no considera necesario adquirir agroquímicos para producir.


Originario de San Marcos Tlapazola, Tlacolula, intercala la siembra del frijol tólico con cinco variedades de maíces criollos o nativos en un terreno de temporal de una hectárea.


“Solita la planta de frijol, al tirar las hojas, da nitrógeno al terreno”, además de que utiliza abono de excremento de animales, como chivos y toros.


Si se aplican productos químicos “se mata al campo” y se termina por abandonarlo, algo que sucede más entre los jóvenes.

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