El otro legado de Francisco Toledo: rescate y conservación del patrimonio documental de Oaxaca | NVI Noticias Pasar al contenido principal
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El otro legado de Francisco Toledo: rescate y conservación del patrimonio documental de Oaxaca

Hoy, 5 de septiembre de 2021, cuando se cumplen dos años del fallecimiento de Francisco Toledo (Ciudad de México, 17 de julio de 1940-ciudad de Oaxaca, 5 de septiembre de 2019), nos gustaría traer a colación una faceta que quizá muchos desconozcan: su ardua labor por el rescate y conservación del patrimonio documental de Oaxaca.


Para iniciar, baste señalar dos hechos. El primero se remonta a cuando él, a la edad de 13 años, llegó a radicar a la ciudad de Oaxaca para iniciar sus estudios en la actual Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), y que desde esta temprana edad dan cuenta de su interés por la lectura y la cultura en general.


En una entrevista reciente que le hicieron a la señora Beatriz Natera de Natera, mejor conocida como la “Chatita”, quien por muchos años fungió como directora de la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes de la UABJO, apunta que ella tuvo contacto con el joven Toledo, a quien siempre lo veía interesado en consultar el acervo de esta institución para desarrollar sus tareas escolares, y más todavía: ella lo acogió como un hijo. Amistad fraterna que perduró a través del tiempo. 



El segundo tiene que ver cuando Toledo se inscribió en la Escuela de Derecho, y según nos contó el licenciado don Luis Castañeda Guzmán (+), visitaba su casa con su hijo, ya que ambos eran compañeros en la carrera de jurisprudencia. Como el licenciado Castañeda Guzmán tenía una amplia y variada biblioteca, siempre le llamó la atención su interés por “curiosear” en ella y lo que le preguntaba sobre diversos temas. Pero Toledo no quería ser abogado, y por eso abandonó esta carrera y se inscribió en la Escuela de Bellas Artes de la misma universidad.  


Años después, ya fuera en sus estancias en la Ciudad de México, en Europa y en los Estados Unidos de Norteamérica, Toledo se fue haciendo pacientemente de una colección de libros de literatura, de artes visuales y gráficas. El resultado fue la colección de obra plástica y uno de sus proyectos más relevantes: la Biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (BIAGO). Una de las más importantes en América Latina sobre arte y cultura en general.



Patrimonio personal 


Fue a partir de mediados de los años setenta del siglo veinte cuando Toledo vinculó su trabajo artístico con la causa política, particularmente con el movimiento de la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI), cuya sede principal se asentaba en la ciudad de Juchitán y cuyo movimiento político sacó al PRI del gobierno del ayuntamiento. Fue en esta época cuando Toledo hizo dos cosas con su patrimonio personal y que lo marcarían hasta el final de su vida:


1) donó una buena colección de libros para que se formara la biblioteca y una sala de exposiciones en la Casa de la Cultura de Juchitán; posteriormente también donó libros para otros lugares del estado: la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes de la UABJO; la de la cárcel de Ixcotel; Teotitlán del Valle y Pluma Hidalgo en la costa oaxaqueña y 2) Financió la revista Guchaci’ Reza [Iguana Rajada, en el zapoteco del istmo]. 


Toledo tuvo otras experiencias que son dignas de destacar en el rubro del rescate patrimonio documental e histórico: a) cuando se involucró con la COCEI en su lucha en los años setenta del siglo pasado, como lo señalamos líneas arriba, financió la revista Guchaci’ Reza [Iguana Rajada], y donde jugó un papel destacado el ya también fallecido Víctor de la Cruz Pérez (+), junto con otros intelectuales istmeños para rescatar la memoria y las tradiciones istmeñas;  b) en 1983 patrocinó la edición de un libro fotográfico de Rafael Donís sobre la historia del ayuntamiento popular juchiteco; c)en los años noventa del siglo pasado también financió la revista El Alcaraván. Boletín trimestral del IAGO (19 números entre 1990 y 1994]; d) Fundó con su propio peculio su sello editorial, bajo el nombre de Ediciones Toledo, donde lo acompañó como diseñador Bernardo Recamier y e) también financió otras dos revistas: El Comejen y El Espulguero.


Pero quizá los dos proyectos más importantes, por las implicaciones directas e indirectas, para el rescate y conservación del patrimonio documental de Oaxaca sean, en primera instancia, su decidida participación, por conducto del Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Natural y Cultural de Oaxaca (Pro-Oax), para la creación del Centro Cultural Santo Domingo, y dentro de este conjunto cultural, su intervención directa para que los fondos antiguos de la UABJO conformaran, entre otros valiosos acervos, la actual biblioteca fray Francisco de Burgoa. En este tenor, es importante señalar que, gracias a su añeja amistad con el licenciado Castañeda Guzmán, Toledo lo convenció para que facilitará la escultura que adorna el centro del primer patio del Centro Cultural Santo Domingo. 


En segunda instancia, la formación de la asociación civil de los Amigos de los Archivos y Bibliotecas de Oaxaca y su órgano de difusión: la revista Acervos. Historia que debe ser conocida por el público en general, y cuyo primer acercamiento damos a conocer a los lectores del periódico NOTICIAS como un pequeño pero merecido homenaje a la memoria del maestro Toledo.


Revista Acervos 


Previo a que saliera en el verano de 1996 el primer número de Acervos, sucedió que al colega Víctor de la Cruz (+) le habían negado el acceso a un archivo agrario en la capital oaxaqueña, esto provocó que él y Toledo convocaran a una reunión en el patio trasero del IAGO. A esta reunión, además de los dos promotores, también asistimos Anselmo Arellanes Meixueiro (+) y los que esto escriben. La reunión aludida se celebró a mediados de 1995. El objetivo: suscribir una carta abierta para denunciar el hecho de que los archivos públicos estén al contentillo de quiénes los dirigen. En esa misma reunión, Toledo nos preguntó que si como historiadores estaríamos interesados en formar una asociación que nos reuniera y nos permitiera tener una posibilidad de interlocución en torno al estado de los archivos públicos.


Algunos meses después de esta reunión en el IAGO, fuimos avisados de que podíamos pasar a la notaría 25 del licenciado Alfredo Castillo Colmenares para proporcionar nuestros datos generales y revisar una propuesta de asociación profesional, la que andando el tiempo se constituyó con fecha 15 de noviembre de 1995 como la asociación civil Amigos de los Archivos y Bibliotecas de Oaxaca, A.C. Asociación presidida por el licenciado Castañeda Guzmán y como secretario Francisco José Ruiz Cervantes.


De inmediato, el maestro Toledo le comentó a este último que en su calidad de secretario se hiciera cargo de publicar un “Boletín”, que sería el órgano de difusión de la mentada “Asociación”. Pensamos que Toledo tenía en mente una “pequeña hoja volante” como boletín informativo. Sin embargo, cuál no sería nuestra sorpresa que en una nueva reunión llevada a cabo otra vez en el IAGO, Toledo nos presentó a los diseñadores Héctor Carranza y Manuel de Cisneros, quienes a la postre aparecerían bajo el nombre de “Taller 13”, y ellos nos presentaron una propuesta de hacer una revista “hecha y derecha”. Este es el origen de la revista Acervos.


La citada revista se publicó en la capital oaxaqueña entre 1996 y 2007. Una revista destinada a difundir investigaciones históricas de tema oaxaqueño, elaboradas a partir de la consulta en archivos y bibliotecas, que alcanzó la friolera de 30 números. Los primeros tres números fueron financiados en su totalidad con recursos provenientes del peculio de Francisco Toledo; asimismo, él revisaba cada uno de estos primeros números y daba sus atinadas opiniones sobre las imágenes y el diseño que lo acompañaban.


A partir del cuarto número, Toledo nos comunicó que él emprendería otros proyectos y que ya echada a andar, deberíamos buscar otras fuentes de financiamiento. Con la experiencia adquirida, la revista publicó 27 números más, y los fondos provinieron de las siguientes instituciones: el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) a través del apoyo a revistas independientes; del Programa Homeruns-Banamex; de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y del proyecto “Historia comparativa de la prensa en México, 1792-1950” que tuvo el respaldo financiero del CONACYT, coordinado por la doctora Celia del Palacio Montiel, en ese entonces investigadora de la Universidad de Guadalajara.


Gracias a esta publicación y al trabajo realizado por conducto de la Asociación de Amigos de los Archivos y Bibliotecas de Oaxaca, A.C, la labor de rescate y ordenamiento de los acervos documentales ha cambiado en los últimos 20 años: con el respaldo del Archivo General de la Nación se organizaron diversos archivos municipales de la entidad; el Archivo Histórico Municipal de la Ciudad de Oaxaca fue organizado en su totalidad y fue uno de los primeros en contar en el país con la publicación de una Guía General de su acervo; y, quizá, el proyecto más ambicioso, por el cual lucharon diversos investigadores oaxaqueños, mexicanos y extranjeros, y particularmente el licenciado Castañeda Guzmán, el doctor Juan Ignacio Bustamante y  “Chico” Toledo: dotar de un espacio adecuado para resguardar los ricos acervos de Oaxaca. 



AGEO


En este contexto es preciso revelar algo que pocos saben: que antes de que el Centro de las Artes de San Agustín fuera el actual Centro de las Artes, Toledo invitó a la doctora Alejandra Moreno Toscano en el año 2000 para que nos diera su opinión sobre el deseo del artista plástico para que la fábrica textil de San Agustín, Etla, fuera el recinto que albergaría al renovado Archivo General del Estado de Oaxaca (AGEO).


Varios integrantes de la Asociación de Amigos hicimos el viaje, y a la doctora Moreno Toscano, que había participado en la transformación del “Palacio Negro de Lecumberri” en el Archivo General de la Nación durante el sexenio de José López Portillo, le gustó la iniciativa para resguardar la memoria documental de los oaxaqueños. Sin embargo, trabas burocráticas de los trabajadores del “viejo” AGEO y de sus líderes sindicales, quienes arguyeron que les quedaba muy lejos de la ciudad a sus agremiados para sus actividades laborales; las vacilaciones del entonces gobernador José Murat para cumplir con los fondos prometidos de parte del gobierno del estado, salvo los comprometidos por el maestro Toledo, que puso su parte en tiempo y forma, echaron al basurero esta idea. En su lugar, la citada fábrica se convirtió en el Centro de las Artes de San Agustín.


Pese a este contratiempo, años después, y sin participar físicamente en la inauguración, como era su estilo, el 9 de noviembre de 2016 se inauguró la Ciudad de los Archivos, con la colaboración de la Fundación Alfredo Harp Helú, el Conaculta, el gobierno de Oaxaca y el gobierno federal.


 


Yo, para no sentirme tan mal de ser un capitalista, de


ser un hacedor de dinero, lo gasto en instituciones que


se abren a los jóvenes que no tienen posibilidades de viajar 


para ver exposiciones o tener libros. Esto que usted ve 


aquí, el cine, el centro fotográfico, todo está hecho un poco 


para pagar culpas, por el interés que tengo por la difusión".


Francisco Toledo