La temporada invernal suele traer consigo un aumento en los casos de depresión, un fenómeno que especialistas vinculan tanto a factores biológicos como sociales. La disminución de las horas de luz solar durante estos meses impacta directamente en el estado de ánimo de las personas, al alterar la producción de serotonina y el ritmo circadiano, condiciones asociadas al Trastorno Afectivo Estacional (TAE).
A este componente médico se suma el efecto del clima frío, que puede convertirse en un factor de estrés adicional, sobre todo en regiones donde las viviendas no cuentan con las condiciones adecuadas para enfrentar las bajas temperaturas, como ocurre en diversas zonas de Oaxaca.
Durante diciembre, el riesgo se intensifica por factores psicosociales propios de las festividades. La presión por mostrarse alegre, la soledad que enfrentan personas en duelo o en situación de aislamiento, así como la carga económica derivada de los gastos de fin de año y la proximidad de la llamada “cuesta de enero”, influyen en el deterioro de la salud emocional.
De acuerdo con cifras de los Servicios de Salud de Oaxaca, en 2025 se registraron aproximadamente 2 mil 342 casos de depresión, con una tendencia al alza hacia el cierre del año. Las autoridades estiman que cerca del 5 por ciento de la población adulta en el estado vive con este padecimiento.
Ante este panorama, el sector salud ha reforzado durante diciembre la atención psicológica y psiquiátrica a través de los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA), con el objetivo de brindar apoyo oportuno a personas que enfrentan síntomas de depresión y prevenir complicaciones mayores en una de las épocas más sensibles del año.
