Por Lázaro Peña V., Pbro.
Domingo XVI del Tiempo Ordinario, 19 de julio de 2026, Verde [Se omite la Memoria de la Beata María Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco, Virgen] MR p. 428 [426] / Lecc. II p. 34. LH Semana IV del Salterio. Sab 12, 13. 16-19, Rom 8, 26-27; Mt 13, 24-43.
En la primera lectura, el libro de la Sabiduría nos está invitando a reconocer a Dios como el Único y Todopoderoso, que nunca usa su poder para castigar y que jamás se venga, ni de sus enemigos. Como dice Oseas en su capítulo 11, verso 9: "No puedo dejarme llevar por mi indignación y destruir a Efraím, pues soy Dios y no hombre. Yo soy el Santo que está en medio de ti, y no me gusta destruir".
Dios muestra su poder sólo para perdonar y ser misericordioso, como dice Mateo capítulo 5, versículo 43 al 48: "Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo». Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque Él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo".
En la segunda lectura, San Pablo nos enseña que el Espíritu nos ayuda a pedir lo que nos conviene, pues Él conoce lo más profundo de nuestro corazón; y desde ahí pide a Dios lo que es bueno para nosotros. El Espíritu Santo es fuente de todos los deseos que se dirigen a Dios, es el principal asesor de nuestra oración.
En las tres parábolas que nos presenta el Evangelio de hoy: la cizaña, la semilla de mostaza y la levadura, Jesús nos habla del Reino de Dios, donde crece junto lo bueno y lo malo; y donde, lentamente irá creciendo la semilla del Reino, para que, quienes gusten, se cobijen bajo su sombra. Pero nos pide que nunca dejemos de ser levadura, luz y sal en medio del mundo; para que un día todo el bien germine.
Atención, hermanos, donde siembra Dios, también siembra Satanás; el bien y el mal convivirán, incluso dentro de la propia Iglesia fundada por Cristo; el mérito está en que el bien no se deje fermentar por el mal, ni deje crecer la cizaña; por el contrario, que hagamos que esa semilla del Evangelio que hemos recibido, crezca en nuestro corazón y dé frutos; el reto es que los cristianos hagamos que fermente el bien en la sociedad. Debemos, pues, permanecer firmes en la fe, la esperanza y la caridad para que, al final de los tiempos, el Señor dé a cada quién lo que merezca.
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
Cizaña: Nombre colectivo que designa las plantas nocivas para la agricultura, en particular "zarzas y espinas". Su proliferación es consecuencia de la pereza, como dice el libro de Proverbios 24, 30-31: "Pasé al lado del campo del flojo, caminé alrededor de la viña de un tonto: ¡ortigas por todas partes, el suelo cubierto de zarzas, el muro de piedras caído. Por eso, a veces se le considera como un castigo divino, como dice Oseas 9, 6: "Ustedes saldrán, pero huyendo después de la derrota. Egipto los recogerá, y en Menfis serán sepultados. Las ortigas guardarán sus tesoros de plata y las zarzas crecerán en sus casas".
Pero como la espiga de la cizaña y la del trigo son muy parecidas y podría el trabajador confundirse, por eso Jesús pide que las dejen crecer juntas y que sea hasta la cosecha cuando las separen, para que la cizaña sea destruida por el fuego, en el juicio final, mientras que el trigo sea almacenado en su granero.
Mostaza: Al ser la mostaza una de las semillas más pequeñas que se transforma en un árbol grande, San Mateo nos dice que Jesús utiliza esta parábola para referirse al Reino de Dios; pues quizá la acción de Cristo y sus 12 apóstoles podía parecer insignificante, pero no es así, puesto que de esa manera Jesús inauguró el Reino de Dios que, gracias al mandato misionero, ha ido extendiéndose, como esa pequeña semilla de mostaza que va creciendo, hasta que, al final de los tiempos, sea un árbol grande y frondoso.
Levadura: Sustancia fermentada que provoca a su vez la fermentación de otra con la que se mezcla; se emplea en repostería y en la elaboración de cerveza. Jesús sólo utiliza una vez en sentido positivo la imagen de la levadura, cuando habla del Reino de Dios que debe, a semejanza de la levadura, fermentar la masa; en el texto evangélico la levadura designa a los discípulos y la masa al mundo que se ha apartado de Dios (Mt. 13, 33).
