Por Gerardo Garfias Ruiz / Colaborador
Hace unos días leí a una persona recomendando adquirir un libro o folleto que se había escrito sobre los fundadores de mi pueblo, imponiéndole el apodo de “historiador”, que me recordó a esa costumbre en la ciudad capital en que a cualquier escribano, en una suerte de recopilador de consejas orales y versiones francamente kitsch que han prevalecido durante los últimos cincuenta años, se le da el sobrenombre de historiador, que uno de sus mayores referencias y crítico de su propia forma tan sui géneris de contar sus consejas las describió jocosamente. En referencia a los bailables disfrazados de “la máxima fiesta de los oaxaqueños”, reveló que por encargo del entonces gobernador de Oaxaca, él y otro de los apodados “historiadores” fueron a buscar qué más podían agregar al conjunto de bailables que habían tenido su origen a principios del siglo pasado, cuando en la capital, que había sido casi devastada por un gran terremoto, se celebró un encuentro que denominaron “encuentro racial”, en el que se presentaron bailes y danzas de las diferentes regiones de Oaxaca, que con el paso del tiempo fue desmereciendo para que a finales de los sesenta y sobre todo en los setenta recobrara auge desde los gobiernos estatales.
Cuenta este singular personaje que en una visita a Teotitlán del Valle con ese fin, encontraron en la calle a un señor medio alcoholizado al que preguntaron cómo se decía en zapoteco del valle “nuestros orígenes”, y lo que alcanzaron a escuchar y a interpretar es cómo nombran a la escenificación “originaria” de tan promovido espectáculo, que además de costar millones de pesos al erario público es capitalizado por los empresarios del turismo y comercio de la capital, políticamente por los suspirantes a un puesto de lo que se llama de “representación popular” e ideológicamente por los mairos en eso que llaman “Guelaguetza popular”, que ahora, para variar en una de nuestras gustadas formas de relacionarnos como el quesillo, está de nueva cuenta en litigio por quienes se apropiaron de tal bodrio y de las “autoridades” del sector cultura del gobierno en turno, que por cierto, como sucede con el discurso del grupo en el poder, tiene ahora “una verdadera autenticidad”, en tanto que el comité que era el alfa y omega de qué grupo estaría bailando fue presidido por años por una persona que adquirió también el calificativo de “especialista” por haber sido esposa de un secretario de finanzas que fue influyente por años, y que ahora los Good hombres del cambio sustituyeron por “especialistas originarios”, y que de acuerdo con los videos que circulan, en los que fueron a “territorio” a evaluar quién sí y quién no asiste, ya lograron uniformar a casi todas las delegaciones, convirtiendo los bailables y representaciones en verdaderas piñas, no solo por ser pifias y remedos, sino porque, por lo que se ve, para ser aprobadas tienen que contar ahora con un numerito que imite al bailable más exitoso para los turistas, que es Flor de Piña, en especial la chilangada, que cada que avanzan uniformemente las bailadoras exclama como si metiera gol la selección nacional.
Y todo viene a cuento por el anuncio de que el rey actual de España ha confirmado que estará en nuestro país bajo el argumento de que asistirá a un encuentro de los varios que tendrá su representativo en el Mundial de futbol 2026, y en base a los arreglos con el gobierno mexicano se entrevistará con la presidenta después de lo que el exmandatario estableció como pausa en la relación y sobre todo de los desencuentros que se dieron a raíz de la exigencia por escrito y verbal para que se disculpara con el “pueblo de México” por la violencia ejercida en lo que insisten en llamar la “conquista de México” por los “españoles”.
Aún con sus matices, lo último que leo y escucho decir a la titular del Ejecutivo es que, además de los posibles temas que se definan para la agenda de esa entrevista, insistirá en exponer la importancia de los “pueblos originarios de México”. Es conveniente agregar, aunque valga ídem, alguna que otra consideración para la Ejecutiva, además de lo que los “historiadores” que asesoran le aconsejen, como que los que vinieron a “conquistar” eran peninsulares y en todo caso castellanos, en un grupo que era no menos de 400 ni más de 800 soldados o gente de tropa que supieron unir a más de 100 mil tlaxcaltecas, totonacos, texcocanos, mixtecos y zapotecos entre otros, hartos del sojuzgamiento violento y obligado de los aztecas, que para ese entonces el rey era Carlos I del Sacro Imperio Romano Germánico; que es entre 1707 y 1710 que la casa de Habsburgo con Felipe V logra la primera unión de lo que en 1812 con la norma jurídica de Cádiz se considera ya propiamente España, y que hoy Felipe es de la casa de los Borbones, y que además España es el segundo inversionista en México, y en una de esas se pide que se disculpen Oaxaca y Tlaxcala entre otros por la “conquista”.
