El uso de transferencias electrónicas como método de pago ha ido en aumento en Oaxaca, aunque el efectivo sigue predominando en las transacciones diarias.
De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2018 solo el 3.6 % de las unidades económicas utilizaban este medio de pago, mientras que en 2023 la cifra creció al 8.8 %.
Este cambio se refleja también en la proporción de pagos recibidos en efectivo. En 2018, el 98.2 % de las transacciones se realizaban con dinero en efectivo, pero para 2023 este porcentaje disminuyó al 73.4 %, evidenciando un avance en la digitalización de los métodos de pago.
Para algunas personas, como Lilia, el efectivo sigue siendo su opción preferida debido al temor a la clonación de tarjetas.
Sin embargo, Olga, otra consumidora, prefiere realizar pagos electrónicos por la comodidad que ofrecen, evitando visitas al cajero automático y aprovechando que cada vez más establecimientos aceptan transferencias o tarjetas.
Las opiniones tanto de Lilia como de Olga reflejan un cambio en los hábitos de consumo en Oaxaca y en México con una mayor adopción de pagos electrónicos, impulsados por la facilidad, seguridad y rapidez que ofrecen estos métodos en comparación con el efectivo.
A nivel nacional, un informe de Beyond Borders 2023, elaborado por Ebanx y Americas Market Intelligence, coloca a México como el segundo mercado más grande de América Latina con un gran potencial para el comercio electrónico y métodos de pago alternativos, como las transferencias electrónicas.
El informe destaca que las transferencias electrónicas experimentaron un crecimiento del 131 % en 2022, seguidas del método de pago “compra ahora, paga después” (BNPL, por sus siglas en inglés), con un aumento del 82 %.
Estos datos reflejan una preferencia creciente por sistemas de pago digitales, tanto entre la población bancarizada como en quienes aún no cuentan con servicios financieros tradicionales.
El estudio también señala que el 34 % de los mexicanos realiza pagos de comercio electrónico mediante métodos que no involucran tarjetas de crédito, débito o efectivo.
Esta tendencia comenzó en América Latina en 2018, cuando las tarjetas de crédito representaban el 55 % de los pagos en línea.
Para 2022, esta cifra se redujo al 51 %, mientras que las transferencias electrónicas pasaron de un 4 % de preferencia en 2018 a un 17 % en 2022.
