Bajo el sol de mediodía que calcina las canteras del Centro Histórico, un estruendo de cohetones rompe la rutina del tráfico. No es una marcha ni un bloqueo; es el sonido de la gratitud. Hoy es 3 de mayo, y en cada construcción, desde las humildes viviendas en las laderas del Cerro del Fortín hasta los modernos hoteles en remodelación, una cruz de madera adornada con buganvilias y papel de China vigila desde lo alto.
Para el oaxaqueño, el Día de la Santa Cruz es, por derecho propio, el Día del Albañil. Una amalgama de ritos prehispánicos de petición de lluvia y devoción católica que mantiene en pie no solo los edificios, sino la identidad de los trabajadores de la construcción.
La bendición del "fierro"
A las siete de la mañana, frente a la Basílica de la Soledad, Don Silverio Martínez sostiene con callosidades en las manos una cruz de madera de un metro de alto. Lleva 40 años en el oficio y, según dice, "sin la cruz, la obra no tiene alma".
"Muchos dicen que es pura fiesta, pero para nosotros es respeto. La cruz se pone para que no haya accidentes, para que el patrón tenga trabajo y nosotros el pan. He visto compas caerse de andamios de tres pisos y salir ilesos. Eso no es suerte, es que la Santa Cruz nos cuida el paso" — Silverio Martínez, Maestro de Obra.
El banquete sobre el polvo
A las dos de la tarde, el ritmo de las palas y las mezcladoras se detiene. El olor a cemento fresco es reemplazado por el aroma del mole negro y el mezcal. En una obra cerca del Mercado de Abasto, el "patrón" (el dueño de la casa) ha cumplido con la tradición: una mesa larga sobre tablones y botes de pintura sirve para el festín.
El ambiente es de camaradería. Entre risas, los "chalanes" (ayudantes) bromean sobre quién es el más rápido con la mezcla, pero al hablar del significado del día, el tono se vuelve serio.
"Ser albañil en Oaxaca es un orgullo, pero es pesado. La gente ve la casa terminada, pero no ve que dejamos el lomo aquí bajo el sol. Este día es el único en el año donde el patrón se sienta con nosotros a comer igual. Nos hace sentir que nuestro esfuerzo vale" — Brandon, joven aprendiz de 19 años.
Una tradición que se resiste a morir
A pesar de la modernización de los procesos constructivos y la llegada de grandes inmobiliarias, Oaxaca mantiene este sello distintivo. En municipios como Santa Cruz Tacahua o en la región de la Costa, la fiesta se extiende a calendas y bailes que duran días.
Para los ingenieros y arquitectos, la celebración también es vital para la moral del equipo.
"Podemos tener los planos más precisos y la mejor tecnología, pero si no respetas la tradición de la Santa Cruz, el ánimo de la cuadrilla baja. Es parte de la cultura laboral en México; la espiritualidad y la ingeniería aquí van de la mano" — Arq. Elena Ruiz, supervisora de obra.
Al caer la tarde, las cruces permanecen en las alturas, bañadas por la luz del atardecer oaxaqueño. Mañana el trabajo seguirá, el polvo volverá a cubrir las botas, pero por hoy, los constructores de Oaxaca han reafirmado su fe: esa fuerza invisible que, mucho más que el cemento, es la que verdaderamente sostiene las estructuras de este estado.
