El ministerio sacerdotal no es un trabajo de funcionario público, sino una experiencia de profunda amistad y comprensión mutua con Cristo y la comunidad, afirmó el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún.
Durante la homilía de la misa de ordenación presbiteral del diácono Nahúm Jiménez Morales, concelebrada con el arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos, en el templo de Santa María de La Asunción de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, el mitrado afirmó que un sacerdote está llamado a convertirse en un Buen Pastor y a ofrecer su propia vida por las ovejas, más no a ser mercenario en busca de sus propios intereses, poder o dinero.
“Debe dedicarse totalmente al servicio del rebaño, con un corazón bueno y bello, porque se alimenta del altar eucarístico, escuela diaria de sacrificio y de santidad, hasta desgastar la propia vida por ese rebaño que se le confía”, anotó.
Además, expuso que un Buen Pastor tiene una relación personal profunda con su rebaño, porque el ministerio sacerdotal no es un trabajo de funcionario público, sino una experiencia de profunda amistad y comprensión mutua con Cristo y la comunidad.
“El sacerdote debe amar y servir el rebaño del Señor con el corazón de Cristo Buen Pastor hasta hacer sentir que está impregnado del olor de sus ovejas, porque vive entre la gente de su rebaño, conoce y comparte sus alegrías, tristezas, luchas y esperanzas”, agregó.
Expresó que esta expresión, fundamental en la enseñanza del papa Francisco, exhorta a todo sacerdote a abandonar toda forma de aislamiento egoísta y cómoda para hacerse cercano a sus ovejas, especialmente a quienes están en las periferias existenciales y así evitar ser un simple administrador o intermediario burocrático de la gracia divina.
“El Buen Pastor no huye del lobo, sino que protege. El sacerdote está llamado a la fidelidad y la coherencia evangélica, incluso ante las dificultades, convirtiéndose en una representación fidedigna de Cristo Buen Pastor en la entrega de la propia vida por el rebaño, defendiéndola de toda forma de peligro espiritual y de los peligros que representan las ideologías modernas contra la vida humana, contra la familia y los valores del Evangelio”, aseveró.
Además, subrayó que el Buen Pastor trabaja por la unidad y universalidad, porque tiene un corazón católico, es decir, universal pues busca la unidad y lleva el Evangelio a todos construyendo una Iglesia sinodal.
“No se conforma solo con las ovejas que ya están cerca, sino que realiza todo esfuerzo pastoral posible para atraer a las ovejas alejadas de Dios y de la Iglesia, para formar un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor”, anotó.
Ante ello, Tut Tún llamó a todos los sacerdotes a recordar que la unción de su ordenación no es para perfumarse a ellos mismos, ni mucho menos para guardarla en el frasco de la comodidad, porque se pondría rancio el aceite y amargo el corazón sacerdotal. “Recuerden siempre que al buen sacerdote se le reconoce por cómo anda ungido su pueblo, las ovejas que se le han confiado, esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia”, aseguró.
