Con una población que incrementa la demanda de productos frescos y sanos que reduzcan los riesgos de enfermedades ligadas a la alimentación, ingenieros e ingenieras agrónomas han incorporado a su quehacer profesional una visión ecológica que garantice satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin poner en peligro las que tendrán las futuras generaciones.
Uso eficiente del agua en los sistemas de riego, cosecha de agua de lluvia, implementación de abonos naturales, diversificación de cultivos, apertura de mercados directos con el consumidor y mejora de la fertilización del suelo, son algunas de las tantas prácticas que poco a poco buscan ganar terreno a una producción agrícola y forestal en el estado de Oaxaca.
Autosuficiencia y saludPara Carlos Barragán García, quien en 2007 se graduó como ingeniero agrónomo de la Universidad de Chapingo con sede en el Estado de México, la COVID-19 agudizó problemas que hicieron a las personas demandar más alimentos frescos y sanos, porque quedó clara la relación de su consumo con la salud.
Además, al triplicarse el precio de los fertilizantes desde el 2020 a la fecha, las y los productores empezaron a buscar más alternativas agroecológicas, porque también hay un incremento en el precio de los alimentos.
“Hay una relación entre la prosperidad de un pueblo y la calidad de alimentación a la que tiene acceso, si la población está saludable, su suelo también, pero actualmente tenemos suelos pobres y degradados, lo que explica porque hay cada vez más gente enferma”, ya que “no basta con comer, sino se necesitan alimentos de calidad y nutritivos”.
Ligada al campoDesde que su memoria adquirió conciencia, a los siete u ocho años de edad, Eugenia Santiago Reyes se recuerda trabajando entre la milpa y hortalizas, como acostumbraba su familia en San Juan Evangelista Analco, en la Sierra Norte.
Provenir de una familia del campo que carecía de recursos económicos impedía a Eugenia costear una carrera profesional, recuerda una mujer de 44 años que aprovechó la adversidad para formarse con una beca en la Universidad de Chapingo, con sede en el Estado de México.
Esa falta de recursos económicos la llevó a egresar en el año 2000 como ingeniera agrónoma especializada en agroecología, disciplina que “por el tema de salud y los cambios en el medio ambiente está tomando auge” y “obliga a una mayor conciencia” entre la población.
En 23 años de carrera ha recibido seis reconocimientos como ponente y en 2019 el Premio al mérito agronómico, en la categoría de administración y políticas públicas que otorga la asociación de egresados de la Universidad de Chapingo, pero para ella su labor más importante ocurrió en 2017 que se convirtió en la primera mujer en presidir un Comisariado de Bienes Comunales de Analco y toda la Sierra Norte.
En el medio rural las mujeres tienen un papel preponderante en producir y proveer los alimentos, pero al no estar reconocido “simplemente las oportunidades se dan mayoritariamente a los hombres” y se les excluye de sugerir alternativas de solución a problemas comunitarios.
A la par de una mayor profesionalización de mujeres en la rama de la agronomía, Eugenia identifica que el reto de ingenieros o ingenieras es revalorar los productos orgánicos libres de agroquímicos.
Desde hace 40 años, antes de convertirse en ingeniero agrónomo por la Universidad Chapingo, Homero Blas Bustamante, ya producía con su familia café orgánico, junto con otros productos como miel, guanábana, cúrcuma, limón, zapote negro y animales bovinos.
Es la gente con problemas de obesidad o diabetes, así como las nuevas madres que quieren una alimentación sana para sus hijos e hijas o los jóvenes que si leen las etiquetas quienes buscan productos sanos y sustentables, “es ahí donde entran los orgánicos”.
Pero el auge reciente que impulsa la preocupación por la salud se topa con una serie de generaciones de ingenieras e ingenieros agrónomos formados con la idea de que “para todo debemos usar agroquímicos”, volviendo a los alimentos en mercancías impregnadas de pesticidas o químicos que dañan la salud.
“La labor de un agrónomo o agrónoma debe ser producir alimentos, no mercancías que dañan la salud, pero estamos atrapados en un sistema educativo que forma con el uso de agroquímicos”, aunque la tendencia agroecológica empieza a imperar.
En ello coincide el presidente de la Federación Agronómica del Estado de Oaxaca, Alberto Mijangos Hernández, quien ve como urgente la necesidad de regresar a la producción de forma tradicional, “donde no existían los fertilizantes dañinos y se seguían los ciclos de la luna”.
A propósito del Día del ingeniero y la ingeniera agrónoma que se celebra este 22 de febrero para recordar la fundación de la Universidad de Chapingo, Mijangos Hernández tiene claro que esta labor se vuelve más noble cuando se ayuda a producir alimentos de una forma más amigable con la salud y el medio ambiente.
“Se está tomando conciencia de la necesidad de regresar a esa agricultura que no es dañina, siempre y cuando se apliquen conocimientos de manera óptima”, reflexiona un ingeniero agrónomo que calcula que en Oaxaca existen al menos 2 mil egresados de la Universidad de Chapingo.
Tan sólo para el ciclo escolar 2020-2021, el Inegi identifica 3 mil 240 alumnos inscritos en campos de formación como agronomía y veterinaria. De ellos, 368 egresaron y 162 se lograron titular.
EL DÍAEl 22 de febrero se celebra el Día del Agrónomo y la Agrónoma porque en esa fecha se fundó en México la primera universidad dedicada a la agricultura, la Escuela Nacional de Agricultura, hoy conocida como la Universidad Autónoma Chapingo.
