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Madres que cuidan, trabajan y resisten todos los días

Foto(s): Cortesía
NVI NOTICIAS

En el calendario, el 10 de mayo aparece marcado con flores, desayunos escolares y filas interminables en los restaurantes. Pero hay algo que rara vez cabe en las promociones del Día de las Madres: la dimensión silenciosa de todo lo que una madre sostiene incluso cuando nadie lo ve.

Ser madre no es solamente criar hijos. También es aprender a vivir con una preocupación permanente. Es despertar antes que todos y dormir después de todos. Es recordar citas médicas, tareas escolares, medicamentos, cumpleaños y pendientes domésticos mientras el mundo sigue esperando productividad, sonrisas y fortaleza.

Hay madres que además trabajan jornadas completas, emprenden negocios, estudian o sostienen hogares enteros con salarios más bajos que los de los hombres. En Oaxaca, por ejemplo, muchas de ellas cargan no solo con el peso emocional de la familia, sino también con desigualdades económicas profundas que convierten la maternidad en un acto cotidiano de resistencia.

Sin embargo, pocas veces hablamos de las madres como creadoras de mundos. Porque maternar también es construir espacios, proyectos y memorias. Algunas lo hacen desde una cocina; otras desde un consultorio, un mercado, una oficina o un salón de clases. Hay madres que educan incluso sin haber dado a luz, y mujeres que cuidan a comunidades enteras sin recibir nunca reconocimiento.

Quizá por eso conmueven tanto historias como la de la doctora Amelia García, quien a sus 70 años sigue corriendo maratones internacionales mientras sostiene la convicción de que, para una madre, los hijos siempre serán pequeños. En esa frase habita una verdad enorme: las madres nunca dejan de acompañar, aun cuando el tiempo avance y los hijos crean haber aprendido a caminar solos.

También existen las ausencias. Las madres que ya no están, las que migraron, las que buscan a sus hijos desaparecidos, las que trabajan lejos de casa y las que atraviesan la maternidad en soledad. El Día de las Madres no siempre es una fecha feliz; para muchas personas también es memoria, nostalgia y duelo.

Tal vez este 10 de mayo valga la pena mirar más allá del regalo rápido o la felicitación automática. Escuchar más. Preguntar cómo están. Reconocer que detrás de cada madre hay una historia de cansancio, amor, renuncias y fuerza que casi nunca se cuenta completa.

Porque al final, las madres no solo nos enseñan a vivir. Muchas veces también nos enseñan, sin decirlo, cómo resistir.

 

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