Desde muy niño, Grecia sintió un profundo amor por la danza. Originaria de Magdalena Tlacotepec, hoy, a sus 38 años, busca abrir camino como la primera persona muxe —identidad zapoteca que no se asume ni hombre ni mujer— en integrar una delegación que aspire a presentarse en la Guelaguetza, la máxima fiesta cultural de Oaxaca.
“Soy cocinera tradicional, tengo un restaurante. Grecia ha bailado desde niñito, desde entonces me ha gustado mucho el folclore, las tradiciones. Grecia se involucra mucho con su pueblo, su gente y sus tradiciones”, expresa con orgullo, al compartir parte de su historia personal y colectiva.
Cuando vio publicada la convocatoria para formar parte de la delegación que representa a su comunidad, no dudó. “No especificaban género, solo necesitaban danzantes. Decidí armarme de valor, presentar mis papeles y fui aceptada. Aquí estamos, con la bendición de Dios”, cuenta con voz firme.
Su participación representa una posibilidad histórica de visibilizar a las personas muxes en espacios donde hasta ahora han estado ausentes. Sin embargo, Grecia deja claro que su intención no es desplazar a nadie. “Para mí es un gran logro, un gran paso. Es también un honor portar el traje de tehuana tal como lo portaría una auténtica tehuana mujer. Yo soy Grecia, me asumo como muxe; no soy ni hombre ni mujer, soy muxe”, dice con claridad.
“Si llego a participar, será una gran satisfacción y un logro, pero sin quitarle el protagonismo a las mujeres. No busco eso”, aclara.
Más allá de la danza, Grecia tiene una vida profundamente vinculada con el trabajo comunitario. Ha sido candidata a la presidencia municipal de su pueblo y también a la representación muxe. Durante el terremoto de 2017, se organizó para llevar ayuda a pueblos vecinos como Juchitán e Ixtepec. “Recibimos apoyo de Brasil, Francia, Estados Unidos, Canadá y de asociaciones civiles. En la pandemia también trabajé por mi gente”, recuerda.
Su labor no ha pasado desapercibida y, en su comunidad, goza del respeto de su familia, sus vecinos y las autoridades locales. “No enfrenté discriminación ni rechazo. Fui aceptada desde el primer momento”, afirma.
Grecia asume su participación en la delegación con respeto, y también con el simbolismo cultural que representa ser mayordoma entrante. Aunque no es su madre biológica quien la acompaña, comparte el cargo con una mujer que la ha conocido desde pequeña, con quien comparte la representación simbólica que implica este papel. “En el Istmo, cuando un muxe recibe una mayordomía, lo hace en compañía de su mamá, que es la línea consanguínea más directa. Es algo muy propio de nuestra cultura”, explica.
Para quienes no conocen lo que significa ser muxe, Grecia lo define con sencillez y orgullo: “El muxe no es varón, pero tampoco es mujer. Asume el género femenino, aunque tiene cuerpo de varón. En casa, asume el rol de mujer: cuida a la mamá y al papá cuando los demás hijos ya se fueron. Así ha sido y así lo vivo”.
