La comunidad pesquera de San Dionisio del Mar, en la región del Istmo de Tehuantepec, enfrenta una crisis inminente de aislamiento total debido a la inundación y destrucción del camino de terracería que la conecta con Unión Hidalgo.
Las intensas lluvias han convertido la ruta en un tramo intransitable de lodo, paralizando la movilidad de cientos de familias que dependen de este acceso para abastecerse de productos básicos y realizar actividades económicas esenciales.
Esta situación crítica ha provocado la indignación social, centrando las quejas en la gestión del presidente municipal, Gregorio Pérez Matus, ante la falta de obra pública preventiva.
Los habitantes denuncian presuntos malos manejos de tres millones de pesos destinados al mantenimiento de dicha vía, recursos que no se reflejan en el camino que hoy luce totalmente en el abandono.
Ante el colapso de la infraestructura, la población exige una auditoría inmediata por parte de la Auditoría Superior del Estado de Oaxaca y la Contraloría sobre la administración local.
El impacto trasciende la vialidad, afectando gravemente la salud y la economía local al impedir el traslado de emergencias médicas y la comercialización del pescado y otros productos más que se obtiene en esta localidad pesquera.
El escenario se complicó drásticamente luego de que pobladores de Chicapa de Castro cerraran la carretera principal debido a un añejo conflicto de límites de tierras. Ante este bloqueo, los comuneros ikoots se vieron obligados a buscar un camino alterno para llegar a Unión Hidalgo y, posteriormente, poder transitar hacia Juchitán de Zaragoza.
Esta desviación forzada hacia la maltrecha ruta de terracería incrementó el flujo vehicular sobre un suelo ya saturado de agua, acelerando su destrucción y dejando a la población atrapada en una doble crisis: la disputa territorial ajena y el abandono gubernamental propio.
