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Cuidar a las abejas, apuesta de apicultores de Oaxaca ante a la sequía

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Foto(s): Nadia Altamirano Díaz
Nadia Altamirano Díaz

Entre cerros con vegetación seca y ennegrecida por el fuego, miles de abejas hacen lo imposible para sobrevivir, como volar kilómetros de distancia en busca de néctar.

El paraje es conocido como Los Tres Puntos, por la colindancia de este municipio de Valles Centrales con otros dos: San Felipe Tejalapam y San Andrés Ixtlahuaca.

En el camino de terracería no hay letrero ni señal de este apiario conformado por una docena de colmenas que se mantienen en un espacio ambientalmente hóstil para las abejas.

“Es una situación muy dramática”, describe el apicultor Omar López Peláez, quien por ser médico veterinario asesora también a Eloy Pérez García, dueño del apiario.

“De por sí Valles Centrales es un área complicada para la apicultura, porque es semi árida o semi desierta y tiene unas temporadas de calor muy fuerte con sequía, además de que la gente provoca incendios”, reflexiona Omar López.

 

 

Alejadas de las personas

A este punto, lejano a 3 kilómetros del poblado más cercano, en marzo pasado llegó el fuego que calcinó la mayor parte de arbustos silvestres.

Algunas colmenas con ahumadas por el fuego no han sido retiradas, pero están vacías porque las abejas huyeron.

De entre las colemas que se salvaron, Eloy y el apicultor que le ayuda a mantener la vida de las abejas, Alfredo López Espíritu, eligen abrir una cercana a un árbol seco.

Con los velos de apicultor ya puestos sobre su cabeza, Eloy hace funcionar el ahumador y Alfredo levanta la tapa de la caja de la colmena; se ayuda de una cuña de metal para sacar un primer bastidor repleto de abejas.

La escena, en palabras del apicultor Omar, es sorprendente, las celdas del panal tienen miel y a la vista no hay una sola flor que pueda proveer de polen o néctar a las abejas:

“Sobreviven a condiciones extremas, sin ayuda de la gente, al contrario, nos ayuda a la polinización, son animales que más beneficios dan a la población, hacen hasta lo imposible para la sobrevivencia”, insiste el apicultor Omar.

Fue precisamente el tipo de vegetación nativa de este lugar y su lejanía de las personas lo que llevó a Eloy a colocar aquí un apiario que inicialmente tenía en un terreno en Santa María Atzompa, donde él vivel.

 

 

Cuidar abejas por amor a la vida

Antes de ser profesor quería dedicarse a cosechar miel, pero Eloy debió esperar a su jubilación de las aulas para comenzar hace 25 años con esta labor pospuesta.

“Lo que me motiva es el amor a la vida, a la naturaleza y a la familia”, dice un hombre de 77 años que abrazó la apicultura sin interés comercial.

“No lo hago por esa tendencia economicista, de trabajar por el dinero, sino porque nos gustan las abejas, nos dan una enorme alegría y cuando no podemos atenderlas. sufre uno cierta depresión o tristeza”, expresa entre montes al que el fuego restó belleza.

La conversación de Eloy se vuelve explicativa, como si estuviera en un salón de clases y recuerda que sin la labor de polinización de las abejas, no se producirían la mayoría de alimentos.

“En el campo existen muchísimas clases de flor, que son los organos sexuales de las plantas, con estambres que producen el polen y son las células masculinas del fruto”, describe Eloy.

Y continúa con su catédra espontánea: “La abejita va a buscar la flor para poder alimentarse de pan de abejas”, esa mezcla de miel, polen y enzimas de la saliva que éstos insectos colocan en las celdillas próximas a las crías del panal.

 

 

Enfrentar la sequía

Pero en condiciones de sequía “no hay suficiente flor para las abejas, ellas sufren demasiado por falta de comida, tenemos que alimentarlas de manera artificial, con un jarabe que preaparamos como alimento de salvamento”, asegura Eloy.

Las lluvias en este mes de mayo “reaviva la vegetación”, pero “sigue faltando floración, la empezará a haber hasta julio”.

La falta de lluvias y floración la resienten más los apicultores al momento de la cosecha de miel, como le ocurrió a Eloy en octubre pasado.

“Estamos sufriendo una merma de miel del 80 por ciento. Las abejas son una clase de ganadería de lo más productiva, pero cuando cosechamos siempre le dejamos un poquito de miel para que coman, por si no hay suficiente floración”, relata.

Si Eloy sabe de apicultura, afirma, es por lo que ha leído en los libros, pero él considera que quien tiene la experiencia suficiente para cuidar del apiario es su colega Alfredo López Espíritu, un hombre de la región de la Mixteca que creció entre abejas.

Cuando Alfredo tiene las abejas frente a sus ojos reconoce su instinto de supervivencia, platica con ellas y Eloy casi no necesita utilizar el ahumador para tranquilizarlas.

Mientras sostiene un bastidor repleto de abejas agrupadas, una camina por su mano con lentos aleteos, pero Alfredo no tiene miedo de que le clave su aguijón:

“Las abejas sienten nuestra presencia, se dan cuenta del aura, que venimos en buen plan, de alguna forma a generar algo para su protección, están bastante tranquilas”, afirma Alfredo.

Entre ambos apicultores hay una complicidad que reconocen y les permite intercambiar conocimiento, pero sobre todo ánimos para intentar cuidar a las abejas entre la vegetación hecha cenizas.

 

 

¿Qué producen las abejas?

  • Apitoxina

  • Cera

  • Jalea real

  • Propoleo

  • Polen

  • Miel

-Supervivencia

  • 90 días vive en promedio una abeja.

La abeja reina sólo se alimenta de jalea real y produce más de mil 500 huevos diarios; puede vivir siete años.

Desde el año 2018 se conmemora el Día Mundial de las Abejas, en honor al natalicio de Anton Janša, pionero de la apicultura moderna y nacido en 1734 en Breznica (Eslovenia).

 

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